Powell, Gay y Wariner, rayos en el Mundial
En la humedad de Osaka, Paquillo y Beitia son las bazas españolas


La humedad se sitúa en torno al 90%. Es el verano de Japón, una cálida gelatina. No estamos en el 25-8-1991, cuando Frederick Carlton Lewis impuso los 9.86 como nueva plusmarca de 100 lisos al conquistar el título mundial en Tokio ("aquella pista estaba cuesta abajo", recuerda siempre Linford Christie), han pasado 16 años y es otro verano gelatinoso y japonés: pero en el Nagai Stadium de Osaka.
Aquí, los dados vuelven a rodar desde ya, desde hoy, con Asafa Powell y Tyson Gay en 100 metros lisos sobre una pista tan endiabladamente rápida como fue aquella del Estadio Olímpico de Tokio en 1991, la veloz noche de Lewis, Burrell y Christie. Y también rodarán, o volarán, en una vuelta a la pista, 400 metros lisos, que Jeremy Wariner puede dar, en algún punto de la próxima semana, más rápido que nadie en la Historia del atletismo. Más rápido, incluso, que los 43.18 de su mentor y profeta, Michael Johnson, en agosto de 1999, en Sevilla.
Osaka, en Honshu, ciudad portuaria, llena de calina, con su distrito y dialecto propio, "Osaka-ben". Los marchadores y corredores de gran fondo ya no saben qué planear para prevenir los calambres y la deshidratación provocados por la humedad y el calor. Aquí y así, los fondistas españoles, los "africanos de Europa", se encuentran cara a cara con su némesis: los africanos de verdad, los del Valle del Rift, las tribus kenianas, los esforzados marroquíes y los alados hombrecillos verdes de Etiopía.
Esperanzas. Un marchador, Paquillo Fernández, con dos de las tres mejores marcas de 2007 en 20 kilómetros (la mejor es del ruso Kanyakin), encarna la gran esperanza española de éxito. "Espero que nos traigamos más de una medalla", adelanta el presidente José María Odriozola, siempre con Paquillo en las meninges. Aquí en Osaka, comer, vivir y entrenarse siempre cuesta un riñón y medio.
Y, ¿tras Paquillo? Respuesta rápida: Ruth Beitia. Sólo Vlasic y Di Martino han saltado más que la cántabra en 2007. En un concurso que se va a decidir sobre dos metros de altura, la competitividad es un extra. Y más allá de dos metros, en las horas espesas del atardecer de Osaka, el día de clausura, el domingo 2 de septiembre, puede pasar cualquier cosa, con Beitia, las rusas Slesarenko y Chicherova, la escultural Bergqvist, Di Martino y alguna más forzando la máquina de la presión sobre Vlasic: que tiene las cuatro mejores marcas del año, empezando en 2.07. En 2007, 2.07 es mucho, muchísimo.
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Y, ¿tras Paquillo y Beitia? En 1.500, puede explotar el mejor Juan Carlos Higuero, con Arturo Casado por la cuerda, entre una estampida de africanos que puede reventar Alan Webb, el blanquito estadounidense llamado a suceder a Jim Ryun. En 50 kilómetros marcha, Jesús Ángel García Bragado, un superviviente de las granizadas del Pirineo, puede caminar sobre las aguas del puerto de Osaka, como caminó hacia el podio de Gotemburgo bajo un diluvio. Un buen salto de Concha Montaner sobre 6.85 la podría poner en la lucha por las medallas de longitud. Ese concurso de longitud al que Mamá Niurka Montalvo ya no volverá y en el que España, por ahora, tampoco tiene a Yago Lamela ni a Joan Lino Martínez. Y no hay mucho más.
Esta es la carísima Osaka del Mundial de Atletismo, de Powell, Gay, Wariner y Paquillo cuando las luces de los petroleros titilan cerca del muelle: en este Imperio del Sol Naciente que hace un año justo conquistó la gran Selección española en el Mundial de baloncesto. Dijimos entonces, "Niitakayama Noboré", "Subid al Monte de los Cedros", la consigna del ataque a Pearl Harbour. Y España subió. Ahora, en esta maldita humedad portuaria, toca decir Libertad, Igualdad, Velocidad: Powell, Gay, Wariner. Y además, Paquillo.