No hay más: renovarse o morir
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Si usted no sabe qué hacer con seis millones de euros y quiere patrocinar un equipo ciclista de primer nivel debe saber que no será dueño del equipo, ni siquiera podrá elegir al director deportivo. Ese privilegio corresponderá a una de las 20 sociedades que se reparten las 20 únicas licencias de los equipos ProTour. Entre los miembros de esas sociedades exclusivas encontrará los nombres de Bruyneel, Riis o Echávarri. ¿Cómo renovar el ciclismo con un sistema cerrado donde no entra ni la luz ni el aire fresco? ¿Cómo cambiar entonces las estructuras, las caras, los modos, los hábitos? Contra eso pretende luchar el Tour cuando propone la participación de selecciones nacionales en su carrera.
La idea ni es nueva ni es mala. La afición encontraría un estímulo nuevo, los patrocinadores se atendrían a los colores de los equipos (como en el fútbol) y las susceptibilidades políticas quedarían salvadas con la admisión de selecciones regionales. En esas condiciones ganó el francés Roger Walkowiak (en la imagen) el Tour de 1956, con el maillot de la región Nordeste-Centro. No sé decir si la propuesta del Tour arreglará los problemas que acechan, pero al menos ofrece una revolución a un deporte necesitado de revoluciones. Urge un cambio radical y no está mal empezar por apartar al ciclismo de las manos que lo aprietan.