Ciclismo | Tour de Francia 2007

Viento a favor

Alberto Contador y Cadel Evans se juegan hoy el Tour de Francia en la contrarreloj de Angulema, sobre 55,5 kilómetros. La ventaja del madrileño de Pinto es de 1:50 minutos.

<b>FELIZ. </b>Contador lució ayer el maillot amarillo. Su alegría no la empañó los tres segundos perdidos.
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Optimismo no es la palabra. Confianza, tampoco. Tal vez sea tranquilidad, o más exactamente: falta de tensión. Tres palabras. Eso noto. Nadie teme. Todo el mundo cree que Alberto Contador salvará hoy el liderato y se coronará en París. Hasta lo piensa Evans, su principal enemigo. En cierto punto es lógico: en estos momentos de incertidumbre que vive el ciclismo la sorpresa deportiva se considera la menor de las sorpresas.

Sin embargo, hay carrera. La diferencia que perdió Contador con Evans en la primera crono (1:04) nos dejaría ahora un inquietante colchón de 46 segundos. Un suspiro. O un pinchazo. Y la cuestión se complica, porque esta vez el trazado, completamente llano, favorece la técnica y penaliza el impulso.

En su análisis de las etapas en la guía oficial de la carrera, el adjunto al director del Tour, Jean-François Pescheux, describe así la crono de Angulema: "El trazado beneficia la potencia. Si un escalador espera ganar el Tour, debería haber sacado una ventaja suficiente en la montaña. Aquí va a padecer".

Más que escalador. El alivio es que Alberto Contador es bastante más que un escalador. Del mismo modo que tampoco Evans encaja en la definición de especialista contra el reloj. De hecho, el australiano se formó en la bicicleta de montaña (como Rasmussen) y ha sido en las cumbres donde mejor se le ha distinguido ese hoyito en la barbilla que registró Kirk Douglas. Su evolución en las cronos es consecuencia de la edad (30 años), fruto de esa extraña madurez que permite a los escaladores curtidos recuperar en la crono lo que la vejez les resta en las montañas. Así es la vida: lo que ganas, lo pierdes.

No obstante, Cadel Evans no se rinde. Espera que el viento sople en contra y castigue la leve anatomía del madrileño de Pinto. Pero las previsiones meteorológicas apuntan todo lo contrario: viento a favor para Contador.

En el equipo de Evans también creen que el español ha perdido chispa en la última semana. Así invocan el milagro. Digo su equipo, porque nadie en Bélgica entiende que compartir nacionalidad con el Predictor-Lotto sea razón suficiente para sentir pasión por Evans. Lo que le importa de verdad a los belgas es que Tom Boonen gane el maillot verde pasados 19 años de la victoria de Eddy Planckaert. Y puestos a buscar afectos, la afición se siente más cerca de Bruyneel que de un australiano que aspira al Tour. Los belgas son diferentes. No corren por equipos. Lo demuestra el hecho de que el único equipo belga que ha ganado el Tour (si excluimos la antigua competición por selecciones) fue el ADR, aquel conjunto fantasma al que Lemond colocó en la portada de los periódicos al ganar el Tour de 1989 a Fignon, en la última crono y por sólo ocho segundos.

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Tras Ullrich y Fignon. Para Contador, las opciones no pasan por el viento ni por la técnica, sino por su gran talento. Eso, más que ninguna otra cosa, le pone en el camino de los campeones y de sus estadísticas. Diré una: desde que en 1975 se instauró el reconocimiento al mejor joven (lo conquistó Moser), sólo dos ciclistas han ganado el Tour siendo maillot blanco: Fignon (1983, 22 años) y Ullrich (1997, 23 años).

Por cierto, ayer hubo etapa y la ganó un francés, Sandy Casar. Es una buena noticia que quien organiza la fiesta se coma un par de canapés (el primero lo devoró Vasseur). Casar, que fue la enésima esperanza del ciclismo galo, se metió en la fuga del día, se cayó por culpa de un perro y al final venció con toda la heroicidad posible. Imagino que a esta versión del ciclismo sin efectos especiales se le llama Tour creíble o ciclismo verité.

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