La nueva cara del Tour
Alberto Contador se vistió de amarillo al finalizar la jornada Rabobank continúa en carrera El italiano Benatti ganó la etapa El Tour respira, de momento

Recapitulemos. Alberto Contador es el nuevo maillot amarillo del Tour con media sonrisa y 24 años. Su gesto se explica porque ha sido proclamado por defunción del anterior líder. Pero no se trata de una sucesión, es un cambio de régimen. El detalle es importante. Nuevos tiempos.
El relevo, además, no plantea ningún dilema moral: Rasmussen nunca debió correr el Tour, según indica el artículo XVI del reglamento antidopaje de la UCI (Unión Ciclista Internacional o Unidad de Cuidados Intensivos, según), que dice que un corredor no podrá participar en una gran vuelta si se salta un control en los 45 días precedentes. Rasmussen se saltó cuatro.
Sirva esta aclaración para precisar que Alberto Contador no es un líder accidental; el accidente fue la participación de Rasmussen, que se disimuló entre la batalla que libran el Tour y la UCI, amparado también por la miopía de su equipo, el Rabobank. Lo cierto es que nadie pensó jamás que Rasmussen, un escalador inestable, pudiera convertirse en un problema o en un protagonista. Y fue ambas cosas.
La edad de Alberto Contador tampoco es circunstancial. Traza una línea que divide con bastante exactitud el pasado y el futuro, lo viejo y lo nuevo. El Tour no designa un campeón, nombra un Espartaco. Y el liberador sólo podía ser un joven. Que sea humilde, templado, guapo (sin molestar) y un valiente escalador no era un requisito imprescindible, pero es un regalo irrechazable. Que además sea nuestro es una fortuna.
Así que no hay nada deshonesto en la conquista. Ni sería bueno que tras la coronación continuaran los lamentos y la melancolía. El ciclismo está mal, pero desde ayer se encuentra un poco mejor, con una sospecha menos. Además, no cabe luto por los tramposos.
Naturalmente, después de recibir el maillot amarillo en una escueta ceremonia que se desarrolló entre las 17:31 y las 17:32, Alberto Contador fue acribillado a preguntas sobre su limpieza y aseo personal. Si su declaración de inocencia resulta más veraz que otras es porque cuenta con el absoluto respaldo del Tour de Francia, que además de una carrera ciclista es una agencia de detectives. El Tour, que no se puede permitir otro fraude, lanzó en la mañana de ayer un sentido y sincero alegato en favor de Alberto Contador: "El Tour ahora es más creíble", dijo Christian Prudhomme. Si tienen manía a los españoles, como nos dicta el complejo castizo, lo disimularon muy bien.
Menchov KO.
Ni qué decir tiene que la etapa de ayer nació marcada por los últimos acontecimientos. En la salida hubo nervios, expectación, varias personas disfrazadas de metáfora (modelo jeringuilla) y, para resolver la intriga, ciclistas del Rabobank. Los compañeros de Rasmussen decidieron continuar en carrera para desligarse del sospechoso, aunque uno de ellos, Denis Menchov, no tardó en abandonar, víctima, quizá, de la depresión postparto. No es sencillo aligerarse.
Lo que no hubo fue maillot amarillo. Al no tratarse de expulsiones oficiales, no existe constancia burocrática de la retirada hasta que no se cierra el control de firmas. Una vez confirmado, el Tour partió sin maillot jaune, lo que no sucedía desde hace 16 años, cuando Rolf Sorensen (otro danés) se cayó como líder y no salió al día siguiente. En 1971 tampoco hubo quien luciera el jersey de líder durante una jornada. Esta vez caímos nosotros. Cuando comandaba con holgura la carrera (8:42 de ventaja), Ocaña se despeñó en el Col de Menté y se vio obligado a abandonar. Al día siguiente, Merckx no quiso ponerse el maillot amarillo en hermoso reconocimiento al español. Hoy, por cierto, Eddy pagaría una multa. Los patrocinadores mandan.
Con alguna pesadumbre se reanudó la carrera y prueba de lo extraño del ambiente es que casi de inicio se formó una escapada de ocho ciclistas sin ningún corredor español: Bennati, Righi, Quinziatto, Tosatto, Föthen, Voigt, Elmiger y Millar. Cuatro italianos, dos alemanes, un suizo y un británico.
La presenciaba del inglés David Millar nos hizo pensar que al menos una historia tendría un buen final. El ciclista del Saunier (68º en la general) cumplió dos años de sanción por dopaje y desde entonces se ha significado como un arrepentido ejemplar y un firme combatiente en favor del juego limpio: "Yo demuestro cada día que se puede correr el Tour de Francia sin inyectarse nada".
A pesar de nuestro aliento, a Millar le fallaron las fuerzas en el momento decisivo, lo que aumenta su credibilidad de arrepentido y le otorga un cierto halo de héroe romántico que ronda sin culminar. Nos gusta lo que se nos parece.
Italia.
La verdad es que la mayoría de italianos en la fuga apuntaba desde el primer instante a una victoria transalpina. La extraña deserción de lo más florido del ciclismo italiano del Tour de Francia (Bruseghin es el primer clasificado en el puesto 43º) no es óbice para que las oportunidades se cacen al vuelo. Lo hizo Filippo Pozzato en la quinta etapa y lo repitió ayer Daniele Benatti, después de fajarse en duelo simpar con sus compañeros de viaje, todos lobos.
El ciclista del Lampre, un equipo que trabaja muchas veces sin objetivos claros (por eso pensamos que son oscuros), consiguió así la victoria más importante de una carrera plagada de triunfos menores (23). También rindió homenaje involuntario a su compatriota Davide Cassani, el confidente de moda; fue él quien descubrió a Rasmussen en Los Dolomitas cuando debía estar en México.
Por cierto, Lampre (empresa fabricante de preciosas planchas de acero) no ganaba una etapa del Tour desde 2001, cuando culminó el checo Jan Svorada en los Campos Elíseos.
Además de los equipos con velocistas en sus filas, el gran damnificado por la fuga fue el Caisse d'Epargne, que trabajó a destajo para atrapar a los fugados pero no encontró la colaboración de otras formaciones, casi todas compungidas. Sin duda, buscaba el triunfo de Alejandro Valverde, su última y leve esperanza de ganar una etapa en el Tour.
En cualquier caso, es extraño el papel del equipo, para lo que ha quedado. Hace tiempo que Unzué no destaca ni por su ambición ni por su innovador planteamiento de la carrera. Lo asombroso es que sin destacar en ningún terreno, Valverde es 6º en la general, Pereiro 11º y Arroyo 12º. Es imposible no pensar qué hubieran podido lograr con una estrategia diferente, un poco más atrevida, más Reynolds.
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La etapa de hoy será la primera de Alberto Contador como maillot amarillo y también servirá para el estreno de Amets Txurruka como maillot blanco, jersey que le alcanza porque Contador y el colombiano Soler (rey de la montaña) lucen vestimentas más ilustres. Aunque es prestado, el reconocimiento es muy merecido: Amets está completando un Tour magnífico, valiente y generoso. Entre estos ciclistas, ninguno mayor de 24 años, se escribe el futuro.
Una puntualización: nos ha hecho falta asumir la nueva realidad para reconocer que el Tour está vivo, que no hay campeón por decreto. La contrarreloj de mañana ofrece una oportunidad para voltear la clasificación general, aunque, tal y como está el mundo, será mejor no adelantar acontecimientos. Hoy hay etapa y la experiencia nos ha enseñado a disfrutar del momento. Y tocar madera.