Aubisque, hermano siamés del Tourmalet
La Gourette, a cuatro kilómetros de la cima, acoge la meta del Tour. Este mítico puerto sólo ha visto un final de etapa en lo alto de su carretera, fue en 1985 y ganó el irlandés Stephen Roche.

Subir el Aubisque en bicicleta no era más que una locura en 1910. Alphonse Steines, colaborador de Henri Desgrange, el padre del Tour, le propuso a HD (así le llamaban) que el Tour debía crecer y subir los Pirineos. "¡Estás loco!", le dijo a Steines. Pero Alphonse cerró el trato con el municipio de Eaux-Bonnes, al pie del Aubisque, por 5.000 francos, lo justo para limpiar la carretera y apartar un Mercedes que se había despeñado en el descenso. En Pau, un ingeniero les dijo: "Quieren ustedes lanzar a los ciclistas en el Aubisque. En París han enloquecido".
El Tour vuelve hoy a sus orígenes colocando por primera vez desde ese 1910 la meta en la Gourette, el Eaux-Bonnes de aquellos tiempos. Allí, a cuatro kilómetros de la cima natural del Aubisque, la Grande Boucle vivió su tarde más caótica y a la vez más emotiva.
La 16ª etapa del Tour de 1971 se planteó conmocionada por la frustrante caída de Luis Ocaña bajando el Col de Menté el día anterior cuando le tenía ganado el Tour a Eddy Merckx. Entonces, Bernard Labourdette, compañero en el BIC del español de Mont-de-Marsan, ganó la etapa del Aubisque por delante de Merckx, Van Impe y Zoetemelk. "Nos pudimos vengar de la caída de Ocaña", dijo Labourdette en su día bajo una tormenta histórica.
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Pasó el tiempo y el Aubisque fue forjando su historia pese a la presencia siempre intimidante del Tourmalet, su hermano siamés en los Pirineos. El Aubisque sólo ha visto un final de etapa en lo alto de su carretera, a 1.709 metros, con el triunfo de Stephen Roche en 1985, el irlandés que redimió parte de los pecados que allí cometió su compatriota Sean Kelly dos años antes. Kelly sufrió sus virtudes de velocista cuando vestía de líder del Tour. El irlandés se despidió esa tarde para siempre del amarillo.
Las previsiones anuncian sol para esta tarde en la cima del Aubisque. No habrá tantas nubes como habitualmente porque, por mucho que el Tour reine en verano, cuenta la historia que el Aubisque siempre pone "mala cara entre la niebla" porque se siente acomplejado por el Tourmalet. Pero en esta ocasión se subirá el ineludible como le llaman al Tourmalet. La carrera pasará el Marie Blanque, coronado por Perico Delgado en 1986, y que debe su nombre a Mari, un buitre que devoraba cadáveres de animales, no de ciclistas. Que nadie se detenga, por si acaso, ni siquiera en Larrau, frontera de Francia con Navarra. La memoria de Miguel Indurain sigue intacta, a 1.573 metros de altitud, once años después. En 1991, Luc Leblanc llegó a la etapa del Aubisque como líder. No pasó de ahí. El francés lo perdió entre Jaca y Val Louron con un ataque de Claudio Chiappucci e Indurain, que acabó con triunfo en la etapa del italiano y liderato para el español, que caminaba hacia su primer triunfo en el Tour e inciaba cinco años de hegemonía.