Contador insiste
Resultó otra jornada formidable. Vinokourov ganó su segunda etapa apelando a la heroica y Contador continuó con sus ataques al líder, que aguanta de momento. El resto de favoritos se distancian de la cabeza. Hoy es jornada de descanso y mañana el Tour regresa a los Pirineos.

Vale para el ciclismo, el amor y el bricolaje. Cada fase requiere de una actuación distinta y necesaria. Hay leyes. Y siempre terminan igual: si el objetivo no es alcanzado después del estricto cumplimiento del manual se recomienda, efusivamente, olvidar las reglas y arriesgarlo todo. Aquí estamos.
Alberto Contador no se ha equivocado en nada. Es más, su rendimiento sólo puede calificarse como excelente. Pero no resulta suficiente. Hablo, naturalmente, de ganar el Tour, y dejo al margen los premios menores que tanta ilusión hacen a los ciclistas menores.
Contador siguió ayer a rajatabla el código de los grandes aspirantes: atacar una y cien veces. Lo hizo en el último puerto, aliado con el cansancio general y calculando fuerzas propias y ajenas. Lo hizo a falta de tres kilómetros para la cumbre. La primera vez que arrancó le siguió Rasmussen. La segunda, también. Y la tercera. En la cuarta, sin embargo, el líder cedió dos metros, tres y cuatro. Quizá seis.
Entonces, muy cerca de la cima, colapsados por el gentío, los coches y las motos taponaron a Contador y le hicieron perder los metros de ventaja: dos, tres, cuatro y seis. Y llegó Rasmussen.
No pretendo señalar ese atasco como decisivo. No especularé sobre lo que hubiera podido lograr Contador subido a lomos de Hincapié (que allí esperaba) con un suspiro a favor y un danés en la espalda. Me quedo, a cambio, con esa grieta de cuatro a seis metros. Con esa puerta. Por allí habrá que colarse.
Conocido el desenlace es fácil retocar el pasado. Por eso no me resisto a comentar que quizá Discovery debió impedir la escapada, tal y como hacía en los tiempos de Armstrong, cuando las llegadas se limpiaban para el amo y señor. En estos momentos, más importantes que los triunfos de etapa son las bonificaciones en meta (20, 12 y 8). Por allí se adivina un atajo. Cada segundo cuenta y un puñado sirve para declarar un campeón.
Una fiera.
Entiendo, claro, que resulta difícil detener a Vinokourov cuando se desata como un huracán. Comprendo la imposibilidad de amarrarle y el miedo a su venganza. Porque este ciclista es un vengador. Igual ajusta cuentas con el destino que con las montañas. Por eso, 24 horas después de haber perdido media hora, buscó insaciable una escapada y la encontró. El resto se puede imaginar: mil peripecias que le dejan a él en cabeza y ganador. Por el suelo, docenas de soldados, algunos suyos.
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Pero hubo otros beneficiados en esa fuga. Zubeldia, por ejemplo, recortó más de cuatro minutos a los favoritos, al igual que el luxemburgués Kirchen. Ambos regresan a los diez primeros puestos de la general. Por su parte, Juanjo Cobo sigue completando su curso de aspirante a distancia. Se nos acumulan los héroes sin capa: Astarloza, Arroyo, Txurruka, Gutiérrez, Cobo...
No hay motivo para preocuparse, ni por el presente ni por el futuro. Rasmussen resistió, pero aún falta una grandiosa etapa de montaña. Nos daba igual restarle tiempo a plazos o al contado. Así que lo haremos al Contador. Arriesgándolo todo. Como dicta el manual.