Sergio García tiene el Open Británico a tiro
Hoy saldrá líder (-9) en Carnoustie con tres golpes sobre Stricker

Sergio García regalaría su Ferrari a cambio de que hoy, camino del green del 18, las repletas tribunas de Carnoustie temblasen de aplausos como ayer, bajo la pertinaz lluvia escocesa. Eso significaría que un jugador español, el tercero de la historia, iría camino de ganar un major, el más antiguo y apetitoso de los salmones que conforman el Grand Slam del golf junto al Masters, el US Open y el PGA.
A sus 27 años, el castellonense tiene a tiro más que nunca inscribir (¡por fin!) su nombre en el Ghotta del antiquísimo juego que nació precisamente en Escocia. Para ello tendrá que aguantar el tipo como lo hizo ayer en una jornada memorable y accidentada en la que el otro español, Miguel Ángel Jiménez, perdió parte de sus aspiraciones al título... aunque no tanto como Tiger Woods, que se despidió de la posibilidad de lograr un hat trick (tres victorias consecutivas) en el Open Británico.
Tras una primera jornada genial (65) y una segunda consistente (71), García interpretó ayer un nuevo papel: el de controlador. Emparejado con el coreano KC Choi, empezó la tercera vuelta de la mejor manera, un birdie que le ponía en -7 y le alejaba de la gran sensación del día, el semidesconocido estadounidense Steve Stricker, quien con 64 golpes (-6 totales) igualó el récord del campo y se había aproximado peligrosamente al líder.
Sin embargo, García no se dejó intimidar. Siguió jugando recto, sin fisuras y sumando dos birdies más (en el 8 y en el 11) y colocándose -9 a falta de los temibles tres hoyos finales. Aunque esta vez se dejó alguno más por culpa del putter (sobre todo en el 14), fue en ellos, ya bajo la lluvia, donde estuvo a punto de ocurrir el drama del día.
Pasó en el 17, un complicado Par-4 en el que uno se da con un canto en los dientes si hace cuatro. Sergio conectó un buen primer golpe... y se fue al excusado de la BBC para aliviarse. Fuera por ello o no, el segundo aterrizó en un fotógrafo, que quedó conmocionado y necesitó asistencia. La bola quedó en el rugh y, mientras daban oxígeno al cámara, García ejecutó un magistral aproach que dejó la pelota junto a la bandera.
La BBC se hartó de repetir el golpe: primero por su genialidad; después, porque alguien observó cierta irregularidad en el español, que previamente había ensayado delante de la bola, algo que, reglamento en mano y siendo muy estrictos, podía costarle una penalización. Afortunadamente, los jueces del British no se la cogieron con papel de fumar y Sergio se fue al 18, a recibir la ovación del público y a intentar un último birdie que erró por centímetros y que habría valido el -10. Total: 68. Por detrás, Choi acabó hundiéndose (al agua y 72), al igual que antes Jiménez, Weir, Romero o Furyk, que empezarán con -2.
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Nunca en su vida Sergio García había llegado a la última jornada de un grande como líder (y menos siéndolo los tres primeros días). Tiene el British enel bolsillo, pero haría bien en no confiarse. Más que Stricker, con el que saldrá al campo, deben preocuparle los que están a seis golpes (-3): el sudafricano Els, los estadounidenses DiMarco y Cink, los renacidos irlandeses McGinley y Harrington o el propio Choi.
Al menos no sentirá el aliento del Tigre Woods...