Ciclismo | La ruta del Tour

Don Pérignon y el vino de Limoux

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Mazamet vio nacer a Laurent Jalabert. Plateau de Beille es la primera estación nórdica de los Pirineos. El inicio y el final de otra gran etapa de montaña tienen, además de un pronóstico excitante para los españoles, un punto de parada obligado en la localidad de Limoux, al sur de Carcassonne, camino de España por el canal del Midi. Don Pérignon descubrió allí en 1951, casi por casualidad, el primer vino espumoso del mundo. Pérignon volvía de España y, tras franquear las cumbres, se detuvo en Limoux para tomar nota de la propiedad efervescente de su caldo.

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El ascenso hasta la meta está salpicado por numerosas estaciones termales entre las que destaca la de Ax, que cuenta con 80 manantiales. Uno de ellos sirvió para crear una inmensa balsa, junto a la cual construyeron un hospital para los soldados leprosos que regresaban de Palestina en 1260.

Los Pirineos se descubren en su máximo esplendor. Plateau de Beille deja su esquí de fondo a un lado durante unos cuantos meses. La estación todavía conserva un gran edificio. No estamos en los Alpes, aquí todavía hay un límite y puertos en los que ni siquiera el Tour puede detenerse demasiado. La sala de prensa estará en Foix, a 40 kilómetros. No cabe ni una sola carpa. Es el fin de mundo. Arriba no hay más que una carretera de bajada plagada de aficionados, globeros y caravanas.

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