Alain Delon le lloró a Poulidor en Albi

Recorrer Albi en una contrarreloj, como lo harán hoy los ciclistas, supone un verdadero ejercicio de síntesis. La capital romántica de los Midi-Pyrénées vio nacer a Toulouse-Lautrec, el pintor de la calle por excelencia, que conoció el Tarn antes que el Sena, el París de su molino rojo preferido.
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Albi viene de Alba, que es una referencia a las piedras calcarias que circundan la ciudad y que cierran un centro histórico con un valor incalculable. El escritor Chateaubriand escribió una tarde de julio en 1838: "Esta mañana, en Albi, me he encontrado en Italia. He visto una iglesia que haría los honores de la de Venecia, incluso de la de Colonia en Alemania".
Estas calles son indudables referentes de uno de los días negros en la historia del ciclismo francés, el 13 de julio de 1968. Raymond Poulidor debía defender sin problemas el maillot amarillo tras su exhibición en los Pirineos. Bajando de Font-Romeu, Pou Pou tocó su rueda son una moto de la Prensa. Cayó y se rompió la nariz. Llegó a meta a cuatro minutos de Roger Pingeon. Poulidor acababa de tirar el Tour para dejarlo en manos del holandés Jan Janssen. El periodista Antonie Blondin escribió en L'Équipe: "La ambulancia desembarcó a Poulidor. Albi rompió en una ovación espontánea, un tesoro de delicadeza y sensibilidad". Cuentan las crónicas que Alain Delon lloró esa noche más que nadie en una habitación de hospital en Albi.