Ciclismo | Tour de Francia

Un rival menos

Moreau cede 3:20 por culpa de un abanico. Ganó Hunter

<b>ANTES DE LA BATALLA. </b>Hincapié, campeón estadounidense, con Alberto Contador a su rueda, conduce a un tranquilo pelotón. Luego llegaría el ataque de Astaná.
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Uno menos. Christophe Moreau, favorito del presidente Nicolas Sarkozy para ganar el Tour, perdió ayer 3:20 al quedar atrapado en un abanico. Francia no tiene ni ciclistas ni suerte. Cuesta creer que Moreau (36 años) hubiera sido un candidato sólido, pero al menos habría alimentado la esperanza de su país hasta el domingo, cuando estallarán los Pirineos en todo su esplendor.

Se le puede reprochar a Moreau falta de atención, pero no sería totalmente justo: no es posible luchar contra los elementos. A los 31 km de la salida, el campeón de Francia ya había rodado por el asfalto. Así que cuando comenzó el zafarrancho, ya tenía una flecha clavada en la espalda. O quizá fueran dos, porque los primeros 90 kilómetros se completaron al ritmo de las estampidas. Había que estar muy entero para no acusar ese esfuerzo.

Luego, en el ecuador de la etapa, el pelotón se tranquilizó de repente, se frenó. Eso hizo todavía más violento el ataque de los Astaná. No entraba demasiado viento de costado, pero tampoco era necesario. Vinokourov es un huracán. A su orden, los ciclistas de azul turquesa soltaron un latigazo furioso. Al primer arreón no se descolgó nadie, pero se divisó a Moreau en la retaguardia. Es el problema de llevar una bandera de Francia atada al pecho. Se te distingue a kilómetros de distancia. El siguiente tirón partió el grupo en tres pedazos. Por delante, los favoritos. Más atrás, Moreau. Por último, Zabel y Hushovd. La inesperada situación de carrera dejaba a la escapada del día (Florencio, Millar, Wegmann Gilbert y Fofonov) en una anécdota.

Lo que siguió fue una prueba de persecución, si bien, el empeño moderado que pusieron los favoritos en sacar tiempo nos demuestra que la consideración que tienen de Moreau es también moderada. Era más un rival incómodo que un enemigo poderoso. En cabeza, Astaná encontró colaboración en Caisse d'Epargne y de los equipos con sprinters. Por detrás, Moreau se daba una paliza y entraba a los relevos, muy digno y muy maltrecho.

A tres kilómetros de la meta, el Tour volvió a temblar: Vinokourov saltaba del grupo. Ahora lo analizamos como un farol, pero hay que admitir que fue un farol fabuloso. Una manera teatral y efectista de anunciarnos que está vivo y morirá matando. Ignoro si Klöden se alegra de su resurrección.

Cazador. Ya en Montpellier, el sprint se salpicó de una caída que malhirió a Ventoso. Entre los velocistas que salvaron el obstáculo, el surafricano Hunter ("cazador") fue el más rápido, seguido del suizo Cancellara y el brasileño Fischer (quinto en el Mundial 2005). La variedad de naciones en el podio de la etapa (tres continentes) y el protagonismo de los kazajos nos indica que la brújula del ciclismo busca nuevas tierras, y las encuentra. Eso sí, para que el Tour sea verdaderamente amarillo sólo falta por explorar China.

De momento, el exotismo se agradece: Hunter, el primer surafricano que gana una etapa del Tour, se entrena en invierno junto al Parque Nacional Kruger, reserva de leones, lo que nos explica por qué se hizo sprinter.

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De licencia británica y patrocinador surafricano, el Barloworld (gestión de compañías industriales) consigue su segunda victoria (tras la del colombiano Soler), magnífico resultado para una formación que ganó una de las invitaciones al Tour.

Por cierto, el desplome de Moreau cambia la general hasta hacerla irresistiblemente tentadora: cuatro españoles entre los seis primeros. Y subiendo.

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