Contador pide paso
También brilló Valverde. El colombiano Soler ganó la etapa

Existe la tentación de pensar que ayer pasaron muchas cosas y que al final no ocurrió nada. Pero no teman. Lo que no se traduce en minutos también cuenta. Se puede ganar tiempo, y en eso ciframos el objetivo primordial de cada jornada, pero también se puede ganar respeto, liderazgo, jerarquía. Eso conseguimos. Y un puñado de segundos preciosos. Estamos más cerca.
Me niego a ser precavido. En pleno Galibier nació una estrella, Alberto Contador, y en esa misma montaña Alejandro Valverde se pareció mucho al ciclista que llevamos soñando desde hace años. Ellos fueron los protagonistas de la etapa, los pretendientes, los amos.
Por lo que respecta a la irrupción de Contador, se adornó de todos los rituales posibles: primero, el Galibier. Luego, la valentía, la distancia, los parámetros de la bravura. Su ataque, respuesta implacable a las sacudidas de Valverde, fue sencillamente hermoso, porque el chico demarra con la elegancia de un corredor de 1.500.
Lo advierto: será muy difícil no enamorarse de este ciclista, de su historia y de su estilo. Contador tiene cara de torero nuevo, aletea en las cuestas y añade un animal nuevo a la fauna del ciclismo: el cisne. Sólo su fragilidad es mentira. Si Armstrong superó un cáncer este muchacho salió de una caverna que era un cavernoma.
El talento de Contador hizo encajar el plan del Discovery, que había enviado por delante a Popovych. En el momento de coronar, ambos se lanzaron a por el Tour. Tenían dos minutos perdidos sobre el colombiano Soler y uno de ventaja sobre el grupo del líder.
Valverde se movía en cabeza de esa selección de aspirantes. Suyo fue el ataque que cribó el grupo y suyos fueron media docena de demarrajes más. Si su actitud en Tignes fue tibia, ayer se comportó como han de hacerlo los campeones. Sin embargo, visto que ni despegó a sus rivales ni resistió a Contador, se nos plantea una duda: quizá en las cuestas Valverde no demuestre la misma precisión táctica que en las llegadas. Lo sé: lo queremos todo.
El espectáculo no se agotó en la subida. En el descenso se libraron mil batallas. El colombiano contra Popovych. Iván Gutiérrez contra Contador. Los favoritos contra ellos mismos y Vinokourov contra el destino.
Premio.
Descontado el ganador de etapa, el ciclista más decisivo en esa sucesión de explosiones fue Iván Gutiérrez. Su papel era idéntico al de Popovych (escaparse y esperar), pero lo cumplió mejor: su fabuloso despliegue en favor de Valverde permitió atrapar a Contador y dio un susto de muerte a Sastre, Evans, Mayo, Leipheimer, Klöden y Moreau, cortados en plena caza. Iván Gutiérrez fue subcampeón del mundo contrarreloj y ayer enseñó el diploma.
Ya agrupados todos, el muro que precedía a la meta provocó el último revolcón. A 38 segundos del vencedor llegó silbando Balaverde (quinto segundo puesto de un español en nueve etapas) y tras él apareció Evans; ambos sumaron 12 y 8 segundos de bonificación. Vinokourov y Pereiro perdieron 3:24 y Menchov 4:33.
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El cerco se estrecha. Si descartamos a Rasmussen (en 2006 perdió 15 minutos en dos cronos), observamos que Valverde, Mayo, Evans, Contador, Moreau, Sastre, Klöden y Leipheimer se aprietan en el intervalo de un minuto y 15 segundos. Ignoramos el acertijo, pero ya distinguimos dos símbolos: el cisne y la bala.