El juez Galibier
La montaña legendaria desafía hoy a los aspirantes al Tour

La etapa de hoy es irrechazable. No hay modo de esquivarla. Otras veces el Galibier aparece muy pronto y se combate en grupo, solidariamente. Pero hoy se acerca demasiado a la meta como para retrasar la batalla. Será allí. Será en ese puerto que son dos, porque Telegraph y Galibier se enlazan sobre la montaña hasta completar 35 kilómetros eternos. En algún punto de esa ascensión todo saltará por los aires.
No hay monstruo más temido. En 1911, Emile Georget lo subió por primera vez y fue uno de los tres ciclistas que lo hizo sin bajarse de la bicicleta. En 1933, Vicente Trueba empleó dos horas y diez minutos en coronar la doble ascensión, rebajando en 23 minutos el récord anterior. En 1998, en otro mundo y sobre una carretera asfaltada, Pantani tardó 48 minutos en escalar los 18 kilómetros del Galibier. Ese día sentenció la carrera y ejecutó a Ullrich. Héroes como Bartali, Coppi, Bahamontes, Ocaña, Merckx... Desdichados como Cepeda, que se mató allí. Galibier.
A ese gigante se acerca este Tour sin dueño. Sobre el papel, la montaña salvaje favorece a Rasmussen, el líder, que podría alimentar su ventaja. Después de su victoria en Tignes, el danés aseguró que no se descarta para ganar la carrera. Y aunque pocos le creyeron, dio cierto miedo. Como otros grandes escaladores, tiene un punto de extravío que lo hace imprevisible y peligroso, para sí mismo y para los demás.
En estos momentos, sólo hay un ciclista capaz de contestar a Rasmussen en su terreno: Iban Mayo, tercer clasificado. Resulta estremecedor pensar de qué serían capaces ambos si coincidiera su biorritmo y se dieran relevos en una montaña como el Galibier. Ellos son, naturalmente, los principales favoritos para vencer en Briançon.
Tras esta pareja genial e impredecible se librará una pelea entre aspirantes con diploma. Valverde, cuarto, es el mejor situado. Por lo visto hasta ahora, su plan es jugar a la contra, ganar por eliminación, gastar poco. Pereiro, salvo hundimiento, seguirá siendo agente libre.
Cuesta más imaginar cómo será la relación de poder en el Astaná. Parece que Vinokourov ha sometido a Klöden y está por ver si también devorará a Kashechkin, quinto en la general. No sería raro.
Alberto Contador, octavo, también se halla en una situación especial. Ganador esta temporada de la París-Niza, es actualmente el mejor ciclista del Discovery, pero su equipo es estadounidense y Leipheimer, también. Sólo el Galibier podría resolver el dilema. Y ya anticipo que el argumento de la juventud (Contador tiene 24 años) no es precaución, sino miedo.
Tras su exhibición en Tignes, Moreau también se ha ganado el derecho a ser aceptado entre los candidatos. La victoria en el Dauphiné también le acredita. Tiene 36 años, pero una de las consecuencias del nuevo ciclismo es que los corredores son más longevos. Vinokourov (33) y Di Luca (31) son buenos ejemplos.
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Abierto.
Sastre encabeza otro grupo de aspirantes, más silenciosos. Y caben muchos en este cajón, porque el Tour se sostiene en un equilibrio asombroso de fuerzas y ambiciones. Ocurrió el año pasado y sólo la sorpresa (Pereiro) y la trampa (Landis) inclinaron la balanza. Dos ataques de valentía, uno legal y otro prohibido. El camino está señalado y es cuesta arriba. Hoy se sube el Galibier.