Tignes fue un cementerio inundado

El Mont Blanc domina los Alpes con absoluta rotundidad desde sus 4.807 metros de altitud. Desde la cima, el coloso nevado divisa media Europa y mira de reojo y envidioso, a una estación que le queda ahí abajo, casi a sus pies: Tignes. La capital romántica del esquí tiene enamorados a todos.
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Tignes significa nieve de cinco estrellas, un hotel de lujo, los Juegos Olímpicos de Albertville en 1992 Lo es todo menos ciclismo. La primera llegada del Tour de Francia a Tignes permite descubrir una historia sorprendente sobre el pasado de este complejo turístico que antes de serlo fue un pueblo colmado por la especulación en plena II Guerra Mundial. Alguien decidió en 1933 que debían construir una presa encima de Tignes, un vergel. La población no lo supo hasta 1941, ocho años después de la primera firma. La municipalidad dio cinco años de margen a todos sus habitantes para abandonar sus casas, prados, vacas, para que, en definitiva, trasladaran sus recuerdos y sus muertos a otra parte. El viejo Tignes, con su cementerio milenario incluido, fue inundado para siempre en 1952, lo que provocó en su día un escándalo a nivel nacional.
Sólo cuatro años después, en 1956, las aguas dejaron paso a una nueva vida en la localidad francesa. Se instalaron los primeros telesillas, se construyeron grandes inmuebles. Hasta los muertos volvieron a tener su lugar de santo reposo.