Ciclismo | Tour 2007. 7ª etapa

Dominio sin premio

Landaluze fue segundo. Ganó Gerdemann y es el nuevo líder

<b>ESPERANZA ALEMANA. </b>Linus Gerdemann, 24 años, se impuso en la primera etapa alpina y se colocó de líder. Un respiro para el castigado ciclismo alemán.
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La herencia y la memoria hacen que las etapas de montaña desaten en nosotros, españolitos sin siesta, unas expectativas de difícil cumplimiento. Es como si diéramos por hecho que las montañas son nuestras, de modo que, en cuanto la carretera apunta al cielo, esperamos que nuestros ciclistas aparezcan para reclamar su territorio. El problema es que, últimamente, ni eso nos satisface. Sólo nos vale ganar. Por eso ayer sentimos cierta decepción: Landaluze fue segundo.

Nuestro pecado de codicia se alivia si echamos la vista atrás y pensamos en aquel periodo que se alargó desde la victoria de Luis Ocaña (1973) hasta la irrupción de Perico (1983), cuando nuestras aventuras en el Tour tenían el mismo eco que las exploraciones antárticas. La situación ha mejorado, desde luego, pero la perspectiva nos indica que, tan importante como el éxito concreto (un diamante extraño), es el protagonismo general (el pan de cada día). Y eso es nuestro.

En la primera etapa de montaña, Landaluze fue segundo y De la Fuente, tercero. Ambos participaron en una escapada de quince ciclistas entre los que también se encontraban Flecha, Rubén Pérez, Egoi Martínez e Iván Gutiérrez. Además, en el grupo de aspirantes, el equipo de Valverde y Pereiro controló la última parte de la ascensión a la Colombière, demostrando fuerza y liderazgo. Y lo más importante: llegados a este punto, estamos vivos, con las opciones intactas.

Fue una lástima que Landaluze no diera caza a Gerdemann, del que sólo le separaron 18 segundos en la cima. Pero el hecho de que las cámaras de televisión descubrieran cómo dos aficionados (exaltados, más bien) empujaban sin decoro al vasco nos hizo asistir al desenlace final con un cierto respiro, porque nos evitó un dilema filosófico: ¿a quién castigar si un espectador favorece a un corredor que está en plena lucha por la victoria?

Por detrás, la subida de los favoritos fue un redoble sin salto mortal. En los primeros kilómetros, Rabobank tiró con la fuerza de Boogerd, que es mucha. Después, Unzué puso a David Arroyo a marcar un ritmo sostenido, suficiente para abrir los poros, pero no lo bastante como para probar la resistencia de Vinokourov y Klöden. Y en meta se presentó un pelotón con 35 ciclistas, entre ellos, todos los favoritos.

Sudor y lágrimas.

Mientras todo eso ocurría, un chico de 24 años se coronaba líder del Tour: Linus Gerdemann. Tuvo la fortuna de entrar en la fuga buena, pero el resto se lo trabajó con la valentía de un campeón. Primero aguantó los impetuosos ataques de los españoles en la Colombière, después resistió al veterano y circense Fofonov y por último arrancó con clase camino de la victoria. Después de la frustrante desaparición de Ullrich, el ciclismo alemán se merecía algo así, un chico bien, de los que lloran en las entrevistas.

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Hoy sabremos cómo son los días normales de Gerdemann, porque esta tarde el aperitivo de montaña se convierte en banquete: primer final en alto, seis puertos y los tres últimos de primera categoría. Hoy la estrategia será menos importante que los impulsos personales y ya no habrá muchedumbres donde esconderse.

Sería una buena jornada, no obstante, para que el nuevo director del Tour, Christian Prudhomme, pusiera en práctica su idea de eliminar los pinganillos en ciertas etapas, limitando su uso a la advertencia de algún peligro en el recorrido. Premiar la improvisación no sólo mejoraría el espectáculo. También liberaría a los ciclistas de una voz que no es la suya.

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