Pablo tira de Tiger entre el gran caos
Oakmont descubre al malagueño

Oakmont va quemando la paciencia de los mejores golfistas del planeta. Sus calles y greenes invencibles rivalizan con un espectáculo televisivamente digno. A nadie le gusta ver a sus ídolos fallar continuamente. Ni en fútbol ni tampoco en golf, pese a que para este caso siempre acabe habiendo un ganador por mal que se haya desempeñado. Mañana saldrá un vencedor del US Open.
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Al cierre de esta edición, la segunda jornada del US Open no hacía más que hinchar los golpes que hacían falta para superar el corte (+10) de un torneo que ha quemado ya a Singh, Mickelson, García... En los puestos nobles se mantienen las esperanzas europeas: Nick Dougherty y Paul Casey. Este segundo firmó ayer un 66 (-4) estratosférico. Pero nadie lograba ganarle al campo. Pena. En la pelea estaba Pablo Martín, ninguneado por la realización televisiva, pero no invisible a su pedazo de torneo. No defraudó ni siquiera a Tiger Woods, enfrascado en su misma lucha. Nike al poder.
El golf no engaña. Un campo imposible (Oakmont) multiplica los defectos, descubre el verdadero estado de forma de los jugadores. A Sergio García le ha vuelto a pasar lo mismo que en 2006. Los fallos se pagan con la eliminación. Pasan los torneos y a Sergio se le está poniendo cada vez más cuesta arriba la presión por responder a tanto interés.