Pablo Martín se abre al universo en el US Open
Woods sigue siendo el hombre a batir en el estreno del malagueño

Oakmont tiene sus calles en el estado de Pensilvania, la tierra de Arnold Palmer. El US Open vuelve en su 107ª edición a los orígenes de quien hizo mundialmente conocido a este deporte, en el que incluso cabe la posibilidad de que el ganador del segundo grande del año sea europeo.
Hablaríamos en este caso de algo casi surrealista, impensable a día de hoy, teniendo en cuenta que desde 1970 (Tony Jacklin) no hay ningún golfista del Viejo Continente, de los inventores del juego, vaya, que se haya adjudicado el título. Será que los campos que suelen albergar el Abierto de Estados Unidos nada tienen que ver con los terroríficos links escoceses, ni siquiera con los campos de Marbella.
Geoff Ogilvy defiende título y Zach Johnson quiere repetir tras su chaqueta verde en Augusta. Son nombres ilustres pero menores, teniendo a Tiger Woods en plena carrera hacia el cetro de Jack Nicklaus en títulos de salmones (12 a 18 en grandes títulos del Grand Slam).
La revancha de Tiger.
El indiscutible número uno del mundo vuelve a iniciar su particular guerra contra el mundo y un campo lleno de trampas, sobre todo de arena, como lo es el inmenso búnker de Church Pews, salpicado con siete trozos de hierba. Tiger saldrá con ganas de olvidar que el año pasado, en el Open celebrado en Winged Foot, falló su primer corte en un grande como profesional.
El campo de Oakmont, a pesar de ser un par 70, despliega en 6.632 metros todas sus armas made in USA: calles estrechas, rough alto y espeso, bunkers duros y greens pequeños y rápidos.
Severiano Ballesteros comentó sobre este campo, el día antes de jugar el Open de 1994, que todo lo que recordaba de la edición de 1983 (en la que acabó tercero) era que había utilizado ¡cuarenta y dos veces! el hierro-uno desde los tees de salida... De aquella última edición de 1994 sólo queda su ganador, el incombustible surafricano Ernie Els.
Ojo al zurdo.
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En Pensilvania personalizaríamos al gran rival de Tiger centrando el análisis en la figura de Phil Mickelson. El zurdo perdió el US Open de 2006 de una manera lamentable (también Montgomerie) y ahora se presenta ante su gran revancha habiendo fichado a Butch Harmon como entrenador. Se trata de aquel gurú que hizo invencible a Tiger, pero al que el triunfo le acabó pasando factura. La pareja Mickelson-Harmon simboliza el momento tan delicado que vive el golf actual: todos se unen para batir a Woods, incluso los que ni se podían ver.
De cualquier manera, como siempre, Els, Goosen, Scout y Singh son otros de los favoritos que caerán de maduros en cualquier momento. Como también lo harán los tres integrantes del golf español. A José María Olazábal y a Sergio García (mucho llevan sin ganar) se les ha unido esta vez Pablo Martín Benavides, un malagueño recién escudillado. ¿No ganó Rafa Nadal en Roland Garros con cuatro pelos en la barba?