El cielo se despeja para Rafa

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Hace un par de semanas pasaron por Madrid dos leyendas del tenis, Bjorn Borg y John McEnroe. Los dos coincidieron en una cosa: Federer debía llegar a Roland Garros, el único Grand Slam que le falta para consagrarse como el más grande, con un buen resultado sobre Nadal. Le hacen falta señales que le indiquen que está en el camino correcto para hacer frente al español en la caldera de París, donde otros mitos como Sampras se han abrasado hasta acabar aborreciendo ese torneo. Pues bien, un doble 6-4 no es la mejor noticia para Mr. Perfecto, el tenista inmutable al que ayer se le agrió el gesto ante un rodillo que amenaza con allanar todo lo que encuentre sobre la tierra ocre, sea de Montecarlo, de Barcelona, de Roma o del Bosque de Bolonia.
Nadal escuchó a su cuerpo, que le pidió no ir a la Davis para tener las piernas rápidas, la cabeza despejada y el liftado venenoso cuando se acercara la primavera. La verdad, dolió no verle en Winston-Salem, pero en un circuito tan loco como el del tenis no se puede estar al plato y a las tajadas. Ahora Rafa esta fino, fuerte y con la moral a prueba de bombas. Parecía que a cinco sets sobre tierra siempre acabaría imponiendo su físico al del fenómeno suizo, pero a tres sets también pudo. Todo hace indicar que el tenis brutal de Nadal en la arcilla le pesa demasiado al número uno. Y ya lo dijeron Big Mac y el Vikingo de Hielo. O Federer puntúa antes de París o sólo oteará nubarrones en el cielo. Nadal, desde ayer, lo ve muy, muy despejado.