En Mónaco no va más: es Federer contra Nadal
Los dos mejores tenistas del mundo, Roger Federer y Rafael Nadal, reeditan hoy en el Montecarlo Country Club su duelo de 2006 en la final del Masters Series monegasco. Federer apeó a Ferrero, y Nadal, que gana al suizo en el cara a cara, rompió a Berdych.


La fotografía, que andará sepultada por los archivos, es de L' Equipe, de la final 2006 de Roland Garros: en la fotografía ha desaparecido la suprema majestad de Roger Federer, forzado a devolver con el revés, en pleno salto y en violento escorzo, una bola que le agrede, que se le enrosca, más alta que su hombro.
Federer devuelve esa bola agresora, endemoniada, altísima, como buenamente puede. Mirada y torso viran al fondo de la pista. Esa es la bola típica que el golpe de derecha de Rafael Nadal manda, como una pesadilla, sobre el delicado revés del número uno del mundo. Es la misma bola o pesadilla que va a asaltar hoy a Federer sobre la tierra del Montecarlo Country Club, al mejor de tres sets. La bola/tortura que hace poner a Federer cara de asco sublime, como de verse al filo del martirio o de un patatús.
Federer y Nadal se encuentran hoy en la final del cuestionado Masters Series de Montecarlo, como se encontraron en la final de 2006. Roger liquidó a Ferrero en una estampida de siete juegos seguidos (de 1-3 a 6-3 y 2-0), favorecido por un tiro a la cintita en un punto clave que pudo valer el 1-4 para Ferrero. "Sin ese punto, quizá hubiese perdido el set", admitió Federer, que muestra avances terrícolas en restos, dejadas y juego de pista.
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Nadal avergonzó a Berdych en el primer set (6-0 en 23 minutos) y después sacó las púas de erizo ante los cañonazos planos del checo. Obligado a no cometer errores, Berdych acabó fallando en los instantes cruciales: naturalmente.
Ferrero y Berdych cedieron a lo inevitable: en Mónaco no va más, es la clase de Federer, más la astucia de Tony Roche, contra la furia de Nadal. Federer no ha ganado a Nadal en tierra: es su obsesión. Si Roger quiere entrar con su delicado revés y el Rolex en la muñeca en las púas del erizo de Manacor, calcará la maldita foto de L?Equipe. Y a partir de ahí, rien ne va plus. No, no va más.