Sharapova, la Chica 10, enfurece a las Williams
Maria Sharapova, la deportista mundial con más ingresos, no quiere rivales en la cima del tenis. En un partido dramático y que no se olvidará fácilmente, Maria eliminó a Venus Williams en Miami y ahora puede cruzarse con Serena Williams.


Consideren dos escenas. Una. Rueda de Prensa en Moscú, reciente. Un periodista ruso pregunta a Maria Yurievna Sharapova si ha quedado satisfecha con su anuncio en la TV rusa del desodorante Lady Stick Speed. Sharapova, que ingresó en 2006 más de 20 millones de dólares sólo en contratos publicitarios, manifestó cándidamente "no recordar" haber rodado un anuncio de desodorantes. Claro: en realidad, el contrato de Maria estaba firmado con Colgate-Palmolive, que usó a la Chica 10 para promocionar en Rusia su nuevo desodorante. Cosas que pasan a aquéllos y aquéllas a quienes llueven los sponsors.
Escena dos. Crandon Park, Miami, en plena noche del domingo. Sharapova acaba de eliminar del llamado Quinto Grand Slam a Venus Williams, duelo entre tigresa y pantera, en pleno huracán de viento que contempló 91 errores no forzados (55 de Williams), 25 dobles faltas (entre ellas, una de Sharapova casi por una decena de metros)... y el triunfo final de la rubia ambición rusa: 2-6, 6-2, 7-5.
Y ahí dice Papá Williams, Richard Williams, superviviente de las peores profundidades de los peores guetos: "Venus ha regalado este maldito partido, fue una desgracia lo que hizo, el modo en que jugó. Jamás debería haber permitido que Sharapova le ganase. Deseo en mi corazón que Maria pueda enfrentarse con Serena. Y es todo lo que tengo que decir". Otro mundo, tan distinto al de la sonrisa de Colgate-Palmolive. Si quieren drama para la Chica 10, el drama está servido: la tigresa siberiana contra las panteras bruñidas del gueto angelino de Compton. Para que la acción continúe, sólo es necesario que, en el fondo de la pasada madrugada, Serena Williams haya batido a Safarova: eso sellaría el cruce de Serena con Sharapova... y la revancha de los Williams.
Rivalidad. La pujanza de Sharapova le ha atraído rivalidades con medio mundo: con las y los Williams. Con las mejores rusas, que ven cómo los grandes contratos de patrocinio pasan a las cuentas de la tigresa de Siberia. Con los jueces, que ya amonestan y vigilan a su padre, Yuri, por darle instrucciones no permitidas. "Soy una luchadora, una competidora. Y disfruto con las batallas: la suerte de batallas como ésta ante Venus depende solamente de quién lucha más al final", advierte Sharapova.
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"Hubo puntos en los que yo ni siquiera estaba allí", analiza Venus, ya de regreso por la I-95 a su mansión de Palm Beach Gardens. Por ejemplo, el punto de partido: Venus lanzó un golpe de lleno de furia... que mandó la bola tres metros fuera. Y Venus trata de restar importancia a la victoria de Maria, que deja el cara a cara en 3-1 para la rusa. La única victoria de Venus valió su peso en oro: en semifinal de Wimbledon 2005, le allanó el camino al título.
Tigresa contra panteras. Y sin cuartel. Que pase Serena.