Tenis | Indian Wells

Rafa Nadal acaba con nueve meses de sequía

Ganó en Indian Wells a Djokovic, algo que no ocurría desde París

<b>DUELO AL SOL. </b>La central del Indian Wells Tennis Garden, rodeada por el desierto de Palm Springs, asistió al duelo entre dos tenistas que son el futuro: Nadal y Djokovic.
Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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En la dorada California, en los dominios del gobernador Arnold Schwarzenegger, el único músculo que lució ayer fue el de los bíceps de Rafa Nadal, que con un brazo de acero gobernó la final del Masters Series de Indian Wells. Músculos con los que levantó su séptimo trofeo de Masters Series (la categoría que sigue a los cuatro Grand Slam), lo que le supo a gloria después de llevar nueve meses, 279 días, sin realizar ese gesto, desde que ganara el 11 de junio de 2006 a Roger Federer en Roland Garros. Demasiado tiempo para el número dos del mundo. Una travesía del desierto que no ha sido baldía, porque en estos meses Rafa Nadal ha conseguido meterle más velocidad a sus bolas, sacar con aún más eficacia y, sobre todo, ha aprendido a aguantar la presión cuando vienen mal dadas. Que vendrán más. Sobre todo si vuelve a asomar el Roger Federer que arrasó antes de llegar a California y estrellarse, sorprendentemente, en su estreno.

Futuro.

El de ayer fue un duelo de futuro. Un partido que se debe repetir en más finales, entre un jugador, Novak Djokovic, que aparecerá hoy entre los diez primeros del mundo con sólo 19 años y otro, Rafa Nadal, que con 20 ha ganado ya más del doble de lo que cualquier jugador aspiraría en toda su carrera.

Sin embargo, en los once meses de diferencia de edad que el español le saca al serbio caben miles batallas. Las suficientes para no ponerse nervioso. Eso se llama temple. El que mostró Nadal y del que adoleció Djokovic en el primer set, en el que sólo hizo un 26% de primeros servicios. Demasiado poco para frenar a un lobo hambriento, con una gazuza que se había ido incrementando según pasaban los días y se escapaban las finales. Rafa le arrebató el saque en el primer juego y en el tercero y la manga se esfumó en 28 minutos. Parecía muy fácil, y no lo fue.

El de Belgrado, que sin ruborizarse pregona que quiere ser "el mejor jugador del mundo" (lo que dice mucho de su ambición), comenzó a jugar profundo. A sacudir su derecha en andanadas furiosas desde el fondo y a mejorar su servicio. Con 2-2 tuvo tres bolas de break que Nadal neutralizó. Fueron su tumba. Una tumba en un desierto delicioso, donde se solazan las estrellas de Hollywood y en el que Nadal acabó con su sed. Donde volvió a sentir el frescor de un trago de gloria.

Rafa Nadal "Seguro que esta victoria me ayuda"

Seguro que esta victoria me ayuda. Y, aunque no me quita un peso de encima, volver a ganar me dará mucha confianza, sobre todo en pista rápida. Ahora me queda aquí el Torneo de Miami la semana que viene, donde voy a dar el todo por el todo, antes de la Copa de Davis y la gira de tierra".

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Tributo

Corretja (campeón en 2000) felicitó así a Rafa, que se escribió chuletas en la mano en los partidos.

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