Timoner afronta su último reto: 100 km con 81 años
Guillermo Timoner ha sido uno de los grandes pioneros del deporte español, el primer ciclista que fue campeón del mundo en una prueba ya desaparecida en la pista: fondo tras moto. A punto de cumplir los 81 años, quiere volver a correr los 100 km sobre la nueva pista del Palma Arena.

La tienda Deportes Timoner de Felanitx (un pueblo del interior de la isla de Mallorca) es un museo de la bicicleta. Todo tiene sabor añejo, incluso el timbre de la puerta, que pronto dejará de abrirse para siempre: "Ya toca retirarme", nos anuncia de primeras Guillermo Timoner, el seis veces campeón del mundo de 'tras moto' en pista.
Timoner cumplirá 81 años el próximo 24 de marzo. Mantiene una generosa melena blanca que parece anticiparnos una charla de locura ciclista acerca de su pasado, de aquel primer Mundial en el velódromo de Milán (1955) o quizá de sus visitas al Pardo para compartir "recuerdos de Mallorca" con Francisco Franco: "Él fue Capitán General aquí en la isla, y siempre me dijo que no le extrañaba que fuera tan bueno porque en Mallorca había visto mucha gente en bicicleta. Franco me llamó cinco veces al Pardo. También estuvo en San Sebastián, en la inauguración del Palacio de Deportes de Madrid".
Hará una exhibición.
La celebración de los Mundiales de pista en Palma (29 de marzo al 1 de abril) es excusa para que a Timoner se le llene la boca de gloria. Con el Trofeo Extraordinario de Oro que el diario AS le entregó en 1971 (una vez retirado por su fantástico palmarés) presidiendo la mesa, Timoner nos descubre que está negociando con los rectores del Palma Arena una exhibición de 100 kilómetros tras moto para hacerla un día antes o un día después de los Mundiales. "Sólo falta que me den el permiso. Estoy perfectamente capacitado para acabarlos a pleno ritmo. Espero una revisión del doctor Teo Cabanes. Seguro que será una gran fiesta".
Alcanzar los 81 años y mantener esa presencia física no es casualidad, ni siquiera para alguien que asegura no haber fumado "nunca" y que sólo bebe vino "en las comidas".
Abre el cajón y saca un cuaderno verde. "Aquí tengo los entrenamientos de cada día. Mire, ayer estuve 180 minutos haciendo rodillo. Lo tengo todo anotado. En 2006 estuve 31 días enteros encima del rodillo e hice 4.170 kilómetros en bici de carretera", nos cuenta, orgulloso. "Me monto en el rodillo y veo la tele. Paso mucha parte de mi vida allí encima, y los fines de semana salgo a rodar por ahí. La gente puede pensar que lo mío forma parte de una locura, sin embargo no es así. Todavía me gusta el ciclismo, nada más".
Visto el momento de forma de don Guillermo, la conversación gira hacia un terreno algo pantanoso. Aquí, en Mallorca, hay una cierta predisposición a enfrentar los historiales de Timoner y Joan Llaneras, su otro yo contemporáneo. Ambos han sido seis veces campeón del mundo. Llaneras fue, además, oro en unos JJ. OO. (Atenas).
Llaneras.
"No me ponga en la comparativa porque, en mi época, los profesionales no podíamos ir a los Juegos", apunta Timoner, que añade: "Ante todo, chapeau para su carrera. Le conozco mucho, también a sus padres. Pero no se puede comparar. Yo fui campeón en solitario, él lo ha sido tres veces formando pareja con otro compañero. Llaneras no me ha igualado. No estamos en la misma onda. Él cobra 60.000 euros del ADO y yo nunca le costé un duro al Estado".
Cada uno tiene su verdad: "Fui el pionero de los campeones del mundo. Es como Cristóbal Colón. A él se le recordará como el primero que pisó suelo americano, y ahora se puede llegar en un vuelo de seis horas Si me dejan hacer estos 100 kilómetros en el Palma Arena seré el primero en hacerlo. Otro récord".
La muerte de Isaac Gálvez también flota en el ambiente. Timoner se pone muy serio: "¡Qué drama! Era un gran ciclista. Ese riesgo hay que asumirlo. Recuerdo que me partí dos veces el cráneo. Una vez en la plaza de toros Las Arenas en Barcelona y luego en Madrid, en 1960. Estuve casi un año sin poder competir".
El espejo.
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Es el momento de pasar a la acción fotográfica. Merece la pena subir cinco escalones para descubrir el altillo de Deportes Timoner. En una esquina de techo bajo, casi enano, una bicicleta y su rodillo le aguardan. Guillermo enciende una pequeña luz que apenas alumbra y conecta la televisión. Se sube a la bici, pega cuatro potentes pedaladas y la máquina empieza a rugir.
La figura de Timoner se refleja por todos lados, los espejos al poder: "Aquí ha venido a verme gente de todos los países. Me habían seguido por los velódromos Un día pensé que yo no había visto correr a Timoner. Por eso me puse un espejo". Se mira y sonríe. Está ante un multicampeón que volverá en unas semanas a rodar 100 kilómetros alrededor de los 250 metros de cuerda del Palma Arena.