González tampoco fue el antídoto a Roger Federer
El suizo maravilló y repitió título sin ceder un solo set


Siempre se confía en el milagro. Siempre nos ponemos de parte del menos bueno. Siempre tenemos la esperanza de que el genio pierda su aureola divina. Pero siempre (al menos desde la pasada final de Roland Garros) aparece él. Y hay que inclinarse, hacerle una reverencia y disfrutar. Roger Federer volvió ayer a demostrar que está por encima de todos y que, hoy por hoy, sólo juega contra sí mismo. Fernando González llegaba a la final lanzado, con un juego perfecto y un historial de víctimas en su camino que daba miedo: Lleyton Hewitt, James Blake y Rafa Nadal. Quizá él podría poner en aprietos al número uno. Podría ser el antídoto. Pero, entonces, Federer decidió demostrar por qué está en condiciones de batir a Pete Sampras en número de títulos de Grand Slam (ayer igualó al estadounidense Bill Tilden, con diez).
El chileno, alentado por una grada caliente y apoyado en una derecha digna de un campeón de los pesados, apretó al de Basilea hasta llegar a romperle el saque para colocarse 5-4 y llegó a disponer de dos bolas de set en el siguiente juego para adjudicarse la primera manga y meter presión a Federer. Mas el de Basilea no se asustó, llevó el partido al tie break y lo gestionó a la perfección. Sin piedad.
A partir de ahí, Federer incidió en la estrategia que podía hacer daño al Bombardero. Le obligó a recorrer kilómetros, a forzar sus golpes para que llegaran mansos. Y subió a la red. Mucho, hasta en 43 ocasiones, para cortar de raíz las andanadas de González. Demostró que puede variar su discurso en función del rival, porque lee sus golpes y sabe oponer los argumentos que le llevan a la victoria.
Las dos siguientes mangas se resolvieron con sendos e inapelables 6-4. Cerraba el partido sin perder un solo set, algo que sólo había conseguido Kenny Rosewall en Australia en 1971 (Federer se dirigió a él, cariñoso, tras acabar el partido en una muestra de respeto a las leyendas). El último en conseguir un Grand Slam sin ceder una manga fue Bjorn Borg en 1980 (también lo hizo en Wimbledon 76 y París 78). Estamos ante un genio. Y ahí reside también el mérito de Nadal, en pelear contra uno de los grandes y, a veces, ganarle.
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"Creo que soy el mejor jugador de tenis del mundo y podéis llamarme genio porque me impongo a muchos de mis rivales y a cada uno de forma diferente. Si yo no fuera yo, estaría impresionado de ver al mismo tío ganando siempre. Ahora estoy cerca de adjudicarme los cuatro grandes consecutivos. Eso es lo que está en mi mente. Roland Garros será interesante, porque cada año he dado un paso más".