Chema tomó el mando y Barrufet detuvo a Rusia
Un triunfo más daría a la Selección el pase a los cuartos de final

Cuarta victoria en el Mundial de balonmano y puerta abierta hacia los cuartos de final con un triunfo más en Mannheim. Y esta vez la victoria se consiguió ante el poderoso equipo ruso, que vendió cara su piel y protagonizó un buen partido arañando en los lugares menos solventes del equipo de Juan Carlos Pastor: el miedo al lanzamiento del gigante Rattvortsev lo aprovechó el pivote Chipurin, que causó estragos durante la primera mitad en la línea de seis metros. Nos abrió una avería considerable en la defensa, y por una vez al toque de alarma respondieron los otros resortes del equipo para resolver el embrollo.
Por ejemplo, ayer la victoria nos la dio el ataque y David Barrufet, que necesitaba un partido como este para recuperar la autoestima. Hasta ayer no era el guardameta de las grandes ocasiones, pero ante los rusos jugó los sesenta minutos a un nivel magnífico, sobre todo con paradas decisivas y de mérito en el primer periodo.
Director de orquesta.
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Otro ejemplo, si Pastor señala que la defensa nos dará triunfos, ayer fue el ataque. Chema Rodríguez llevó la batuta todo el encuentro, y aunque conectó poco con Urios, lo cierto es que el pivote fijó a sus marcadores y Alberto Entrerríos e Iker Romero encontraron más facilidades para lanzar, el camino más aclarado. Por otra parte, la aportación de Juanín en los penaltis (ocho de ocho) resultó magnífica.
Pero Rusia no es una selección vulgar. No decayó ni cuando perdía por seis goles y el encuentro parecía decidido. Es más, era consciente de que había obligado a España a cambiar su defensa a 6:0, a romper su dinámica de un solo cambio ataque-defensa, e incluso a quemar a sus tres diestros en la primera línea (Alberto Entrerríos, Chema Rodríguez e Iker Romero) porque de lo contrario amenazaban con goles de contragolpe. Y de ahí un parcial de 0-4 que puso en un puño la recta final del choque, decidida en una jugada del central con el pivote, y gol de Urios para recordar quién manda en los seis metros.
