Bekele sólo admitió la compañía de su hermano
Venció por tercera vez con Tariku detrás suyo

Ni siquiera el emperador Adriano pudo con el etíope Kenenisa Bekele. El gracejo sevillano se inventó una maldición del creador de la ciudad de Itálica, por la cual nadie conseguía una tercera victoria en el cross del mismo nombre. Bekele había ganado en dos ocasiones, pero es que no había aspirado al título en ninguna otra. Ayer se llevó el triunfo de calle. No hay maldición que valga ante un atleta así.
No se puede decir que la carrera fuera bella, pero sí que engrandeció al abisinio. Controló desde el principio, al ralentí, como si ganar el mejor cross del mundo fuera un trámite. A mitad de carrera hizo la selección y sólo admitió, cuatro metros por detrás, el acompañamiento pasivo de su hermano Tariku, que ayer cumplía 20 añitos. Tiraba Kenenisa y Tariku iba detrás, hasta que a falta de algo más de un kilómetro el mayor de la familia Bekele estiró la zancada y se fue en solitario hasta la meta, pasando por el ojo de un arco del triunfo a imitación perfecta de aquellos que construían los romanos. Nada mejor que un arco del triunfo para un paseo triunfal.
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