España coge ritmo ante Polonia con Garabaya
Hombrados y Barrufet despejan las dudas en la portería

España ganó con apurillos a Polonia, que es lo normal, porque el conjunto polaco tiene talento y calidad como para ser de los equipos que den guerra y más de una sorpresa en el Mundial, con una primera línea muy interesante y contrastada. Como era un partido serio, dentro de lo que significa para ambas escuadras el ir cogiendo el ritmo de juego contando con todos los jugadores a una semana de la cita mundialista, lo cierto es que el bloque de Pastor va tomando cuerpo. Y, además, jugó sorprendentemente Garabaya, que no dio muestras de acusar que ha sido operado hace menos de tres semanas de la nariz, y que se fajó en el pivote, tanto en ataque como en defensa.
España aplicó el estilo de Pastor, fiel a su librillo y sin muchas variaciones, aunque tuvo que cambiar el guión del partido a poco de empezar: Puig sufrió un golpe en el minuto 10 y ya no volvió a jugar; Garralda lo hizo por él el resto del encuentro, y eso que la teoría dice que a Mateo habrá que dosificarle para que aporte buenos minutos de juego en el Mundial.
En 5-1, España siempre mandó en el encuentro. Buscó al pivote como primera opción ofensiva, aunque hasta que no salió Urios no se encontraron posiciones desde seis metros, y tenía que ser Iker Romero el matador español. Por la posición de central pasaron Chema Rodríguez, la primera opción, Iker y Raúl Entrerríos. Y en la posición de avanzado Davis y García Larrondo. En la segunda parte hubo momentos en que la labor de Davis abrió el camino a la victoria, aunque Pastor no insistió con el catalán, quería más pruebas y eso le costó a España no despegarse definitivamente. Por cierto, en la portería se despejan las dudas: Hombrados y Barrufet están a mejor nivel que en la Liga, y eso es bueno, porque son dos soportes fundamentales. Cuando la portería funciona la vida se ve más amable.
Rusia impuso su poderío físico
Ganó Rusia con más apuros de los previstos porque se llegó a los últimos minutos del partido con el marcador en un puño. La selección suramericana fue guerrera, inconformista y estuvo bien dirigida, pero la superioridad física de los rusos se acabó por imponer, aunque no acabaron satisfechos: 34-32 (18-16).
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