El futuro pasa por la cantera de los inmigrantes

El caso de Rumenov es extrapolable a muchos otros adolescentes. Dirigentes como José María Odriozola, presidente de la Federación Española de Atletismo, repite una y otra vez una frase en las entrevistas que concede: "El futuro del deporte español está en los inmigrantes. Ellos son la esperanza". Ahora, en los centros de alto rendimiento se cuidan a perlas como Ana Izurieta, una gimnasta nacida en Guayaquil (Ecuador) a la que se adivina un gran porvenir. O es el caso de Mohamed Elbendir, líder del ránking europeo de 5.000 y 10.000 metros que vino de un campamento de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia) hasta Viana de Cega (Valladolid) para pasar un verano y al final se quedó a vivir aquí con una familia de acogida. O Khadija Rahmouni (Marruecos, 800 m.), Alexander Yegorov (Kazajstán, pértiga), Juliet Itoya (Nigeria, longitud), Sornitas Nikolaeva (100 mv., Bulgaria) y un largo etcétera. En atletismo y en otros deportes.