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Pereiro "En el 96 tenía decidido abandonar el ciclismo"

Así es un día de otoño en la vida de un campeón. Óscar Pereiro está a la espera de que el positivo de Floyd Landis se aclare para que el Tour le proclame campeón en su edición de 2006. A escasas horas de concentrarse con el Illes Balears, abre las puertas de su casa a AS.

<b>GIMNASIO: MUCHAS REPETICIONES Y, ¡40 MINUTOS A 16 KM/H!Óscar entra en el Gimnasio Corpore de Porriño. Se cambia rápido de ropa. Ni en invierno se descuida el afeitado de las piernas, ¿no? "Llevo ya cuatro lásers, así que casi ni me salen pelos". En un par de horas de trabajo correrá 3 kilómetros a 12 por hora, y 40 minutos a 16 por hora. A todo tren. Luego potencia los cuádriceps con repeticiones y poco peso (15 kilos). "A los cuatros días de coger la bici ya estoy bien".
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Ha llegado el mes de diciembre a Mos, un pequeño pueblo industrial que linda con la ciudad de Vigo. El frío y la niebla se han apoderado del aeropuerto de Peinador y también de los alrededores de la casa de una estrella del ciclismo, Óscar Pereiro. El virtual campeón del Tour de Francia 2006 nos recibe de buena mañana, sin todavía haberse tomado el primer café con leche del día. "Hoy se nos han pegado las sábanas", admite.

Nos disponemos a conocer al Óscar más Óscar y menos Pereiro que nunca. Este es su lado más personal, quizá alejado de la altísima competición que le va a perseguir cuando el próximo 1 de enero empiece a montarse en la bici que le debe llevar de nuevo al podio de París. "Ahora peso cinco kilos más que en verano. El año pasado llegué a Mallorca (febrero) con ocho de más, pero en este no voy a pasar de cinco", nos confiesa. Casi nada nos haría intuir que estamos ante un gran campeón. No hay maillots amarillos a la vista, ni siquiera una portada de las de "Hay un gallego en la luna" o una Torre Eiffel coronada por una bici "Mi casa no es un museo. Aquí entran mis amigos, la gente que ya sabe a lo que me dedico y no debo recordárselo con la vista cada día. Los trofeos y las 'medallas' las guardo en el garaje".

"Es como lo que sucedió durante el último Tour. La Prensa estuvo en casa de mis padres todo el día, como si fuera un espectáculo. Les aseguro que no volverá a suceder". Es la reacción del que ha tocado techo y lo ha encontrado tan húmedo que prefiere pisar suelo de secano. Aunque, eso sí, "creo que formo parte de la élite del deporte español". Sí, al nivel de los Nadal o Alonso. "Lo sé por lo que veo en la gente, por lo que me conocen cuando ando por la calle. Y, sobre todo, por lo que me habéis llegado a pedir los periodistas. De todo, cosas increíbles. Ni sabría decir cuántas entrevistas me han hecho. Y cuando me estaba jugando el Tour, me contaron que las unidades móviles de las televisiones transmitían casi desde el jardín de mi casa". Pues efectivamente, esto debe querer decir que Pereiro ya es uno de los ídolos de la España deportiva, que tan de moda está, incluso en Francia.

El invierno de Pereiro es mucha familia, decenas de actos y compromisos, una tabla de ejercicios diarios en un gimnasio y bicicleta de montaña con los amigos. "Salgo con ellos unas dos o tres veces por semana. Es mi pandilla de toda la vida y siempre nos hemos rodeado de bicicletas. Por las tardes todavía nos reunimos en los bancos de la calle, frente a Deportes Marcial".

Vida sin ciclismo.

Esta tienda de Porriño forma parte de su vida "paralela al ciclismo", como le gusta decir a él. "Yo no sólo soy ciclista. Tengo una vida, mi hijo Juan, mi mujer, los amigos. Si ahora no estoy con ellos Luego ya tendré seis meses para ponerme en forma para el Tour". Y mientras repasa su ideario, María le mira desde el sofá, allí donde atiende al exigente Juanillo, revoltoso con sus 13 meses de vida. "Suerte que tengo a mi madre, que vive arriba, y que nos ayuda mucho. Porque Óscar no está nunca". Es el reclamo casi emocionado de María, que cuando conoció a Óscar, una noche de 1996, no sabía que acabaría siendo la mujer de un maillot amarillo. Pereiro coge el testigo: "Por aquel entonces, yo era un fiestas (sic). Tenía 17 años y ya me había cansado de ver cómo los amigos ganaban dinero y yo no. Decidí dejar la bicicleta, pero entre ella y mis padres me convencieron de que no podía ser".

Óscar se hizo, pues, ciclista de élite y María socióloga con vocación de opositora: "No echo de menos las discotecas, aunque me gusta salir a cenar por ahí, ir a Balaídos, pero siempre de octubre a diciembre. Después, ya no más. Cuando digo basta es basta. Es como con las entrevistas. Ha llegado el día de poner un freno porque soy un ciclista, y por momentos, parece que no lo sea". A Óscar no le duele reconocer que su "planificación deportiva" fue errónea desde que recibió aquellos interminables homenajes tras regresar de París con su bien ganado podio.

El gallego se pone en marcha pasadas las 10:00 horas. Toca coger el coche, un poco de música en el CD, y primera parada en la Cafetería Chocolat de Porriño. "Aquí me tomo otro café y repaso la prensa". En el Chocolat, Óscar parece pasar inadvertido, o al menos su presencia no despierta mucho más interés que la nuestra, por ejemplo. La tinta del bolígrafo se seca para hablar de la dichosa Operación Puerto, de aquellos compañeros que están entre la vida o la muerte deportiva porque no saben "si van a poder correr" cuando las bicicletas vuelvan a las carreteras con el nuevo año que está por venir.

Al Dakar.

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Son casi las doce del mediodía, el Gimnasio Corpore está a la vuelta de la esquina. Bastará sólo un paseo, que se convierte en una bocanada de aire fresco en una zona rodeada por las instalaciones del Instituto Pino Manso. Los alumnos le conocen, murmullan a su paso pero no hay autógrafos: algunos lo tienen muy visto, lo de los demás es pura vergüenza.

Dos horas después, toca regresar a casa para comer. Antes saluda a Marcial y a sus frenos de disco. "Recuerda que tenemos que ir a El Ferrol a correr una media maratón", le apuntan. Óscar asiente sonriente. Es la imagen de Nike, Hugo Boss, Oakley, de Seguridad Vial, de RENFE En definitiva, un ser humano que cuando vuelve a casa es recibido por Juan Pereiro, su hijo, que en un años le podrá conocer más a fondo. Ahora el tiempo es oro. ¿Y cuando dejes el ciclismo? "Entonces me tocará el Dakar. Mi sueño es llegar al lago rosa montado en una moto". De hecho, Óscar es muy amigo de Xacob Agra, compañero de gimnasio y de algún rodeo motorizado en otro tiempo, que corrió el Dakar el año pasado. Precisamente Agra fue un piloto de motos al que AS respaldó hace unos meses para que pudiera cumplir su sueño de participar y acabar el rally más mítico del mundo. ¿Se atreverá Óscar Pereiro? Ya hay apuestas cruzadas. "Siempre me gustaron los retos, la velocidad, los coches", concluye cuando se despide casi en la pista del aeropuerto. Un crack este Pereiro.

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