Esgrima antigua: cuestión de honor en el Siglo XXI
Luchan con réplicas y rescatan técnicas de tratados


Todos aquellos que sientan interés por nuestro pasado y los que además decidan compartir con nosotros el camino de la espada se convertirán en amigos, compañeros de fatigas y, naturalmente, espadachines". Así dan la bienvenida los miembros de la Asociación Española de Esgrima Antigua (AEEA) a quien se acerca a su peculiar sala de armas. En Madrid, aún queda espacio para dirimir cuestiones de honor con la tizona de por medio. La película Alatriste (dirigida por Agustín Díaz Yanes y estrenada el pasado mes de septiembre) ha devuelto el interés por la espada.
Con perilla al uso del Siglo de Oro, espadas roperas del XVII y de mano y media del XIII, un grupo de apasionados de la historia y las armas blancas se ha lanzado a la aventura de recuperar un arte marcial (que no deporte, aclaran) en el que no hay jueces. Se disputa a una estocada y el vencido debe reconocer que ha sido alcanzado, a diferencia de la deportiva donde un chivato electrónico va contabilizando el número de tocados.
Cultura.
"Aquí se lucha por sobrevivir. Prima el concepto de duelo y no sirve de nada hacer trampas", cuenta Alberto Bomprezzi, maestro e impulsor de una asociación que trabaja con réplicas sin punta ni filo de espadas clásicas. Copias y técnicas que han rescatado de tratados antiguos. "Está claro que es necesaria una cierta preparación intelectual. Para estudiar libros de la época como los de Pacheco de Narváez he tenido que acudir a la Biblioteca Nacional o a otras con acceso restringido", explica Alberto, quien ha conseguido aglutinar alrededor suyo a empresarios, informáticos o ingenieros apasionados por una época en la que en el Imperio Español no se ponía el sol. "Haces lo mismo que un antepasado tuyo hace cuatro siglos. Cuando llevas una buena réplica de la espada, aprendes a manejarla, comparas luego con el texto y compruebas que todo cuadra... Te sientes como si estuvieras en su piel".
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La Esgrima Antigua es un movimiento reciente. A finales de los noventa surgió en Estados Unidos y a través del mundo anglosajón llegó a Europa. "En Madrid somos cincuenta y ya hemos abierto salas en Valencia, Alicante y Sevilla", apunta Bomprezzi, quien asegura que a pesar del volumen de las armas "no es una actividad peligrosa porque portamos buenas protecciones".
Los espadachines miden su destreza en competiciones internacionales, con participantes sobre todo de Inglaterra, Francia e Italia. Y ahí no sale malparada la escuela española. Por ejemplo, Alberto ganó en 2003 el Europeo sin recibir un solo tocado. Pero más allá del rechinar de los hierros, la Esgrima Antigua suena a historia y cultura. "Tiene un punto romántico. Cuando nos juntamos a cenar se pueden escuchar citas de Lope o Quevedo. Todo esgrimista antiguo ama la historia". Y a su espada, claro. "Esa compañera fiel..."