Joe Frazier

"Sigo pensando que yo nunca perdí con Ali"

En su gimnasio de North Broad Street, en Filadelfia, Pennsylvania, Joe Frazier, a los 62 años, sigue trabajando con jóvenes boxeadores, prepara exhibiciones... y evoca los recuerdos de sus grandes rivales: Ali y Foreman.

Joe Frazier
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Venimos desde España hasta Filadelfia, sólo para vernos con Joe Frazier. A estas alturas, más de 30 años después de sus grandes hazañas, ¿qué puede suponer esto para un hombre como usted?

Estoy absolutamente encantado de poder recibirles. Estuve en España, en Barcelona, hacia 1974 o 1975, no recuerdo bien. Aún recuerdo los paseos por Montjüic, el Tibidabo... es algo que nunca deja de sorprender: una ciudad con playa entre montañas. Estuvimos muy bien allí, aquellos días. ¿De qué quieren hablar...?

(Joe Frazier se presenta a la cita en su gimnasio de North Broad Street acompañado de Leslie R. Wolff, su mánager de los tres últimos años. Usualmente, Frazier, una absoluta celebridad en el barrio, pasa los días entre idas y venidas al gimnasio, donde dirige a jóvenes promesas del boxeo, junto a su hijo Marvis, el preparador Val Colbert y el mismo Wolff. Chandler Durham, hijo del fallecido Yancey Durham, antiguo hombre de confianza de Frazier, se ocupa de forjar a los jóvenes sobre el vetusto ring en intensos asaltos de preparación. Del cuello de Frazier cuelga un medallón con el apodo que él hizo famoso: Smoke: humo. Porque, cuando combatía, Frazier... echaba humo).

Querríamos escuchar, de sus labios, sus relatos de aquellos combates con Muhammad Ali, su rivalidad...

El primero, el de 1971 en Nueva York, fue el mejor de todos. Pero no solamente fue el mejor de los tres que disputamos nosotros: entonces pronostiqué que iba a ser una barbaridad de pelea y ahora, con el paso de los años, estoy seguro de que fue el mejor combate de todos los tiempos. Por tantas cosas...

Adelante, Smoke...

Fue la primera vez que alguien puso en la lona a Ali. Sabía cómo hacerlo, del modo en que él boxeaba, y también anticipé cómo lo haría. Sabía que iba a llegar un momento, cuando Muhammad tuviera el torso machacado por mis combinaciones, en el que antes o después iba a dejar la cabeza a mi alcance. Tuve que esperar, pero sabía que si insistía en mi táctica, él no aguantaría y quedaría a mi alcance. Así fue. Gané claramente. En realidad, aún sigo pensando hoy que tendría que haber sido el ganador de los tres combates con Ali. En mis recuerdos, yo no me veo perdedor de ninguno de esas peleas, aunque ya sabe que la Historia me cuenta dos derrotas.

Lo vamos a explicar, pero sigamos con aquella noche de 1971, en el Madison...

Fue el mejor combate de siempre, no sólo porque lo ganara yo y por cómo luchamos los dos, sino por las expectativas que desató, por la gente importante que congregó, por la crónica-reportaje de Norman Mailer, por las fotografías de Frank Sinatra, por la conmoción popular que despertó en Nueva York y en todos los EE UU... y porque pude darle a mis padres, que ya no están aquí con nosotros, la mayor satisfacción de todas sus vidas.

Sostiene que no se ve perdedor en ninguna de sus tres batallas con Ali. Admitiendo que se pueda contestar la decisión de los jueces en la segunda pelea, en 1974, como hicieron Red Smith y Dave Anderson en The New York Times usted no llega al final de la tercera, la célebre batalla de Manila, el Thrilla In Manila: la toalla voló desde su rincón, justo antes del último asalto...

Allí pasaron muchas cosas extrañas. Es cierto que yo, a esas alturas, apenas veía: estaba ciego del el ojo izquierdo.Y casi tampoco oía. Yo quería seguir adelante a toda costa, porque, aún como estaba, sabía que en el último asalto el combate podía ser mío con toda seguridad a los ojos de los árbitros. Sabía cómo sacar la ventaja final ante los árbitros y sabía que Muhammad, que ya no tenía más reservas ni trucos, no hubiera podido dar más en ese asalto número 15, pero...

Eddie Futch tiró la toalla...

-.. No me enteraba siquiera de lo que Eddie estaba diciendo ("Siéntate, Joe, es suficiente, nadie olvidará jamás lo que habéis hecho aquí hoy", le dijo Futch), pero yo nunca hubiera dejado de combatir. Durante un corto tiempo, ni siquiera supe lo que estaba pasando, hasta que vi cómo daban ganador a Muhammad. Después nos enteramos de que en el mismo momento en que Futch lanzó la toalla, Muhammad Ali estaba diciendo que no regresaba al ring... entonces no lo supimos, era imposible enterarse.

(El rincón de Frazier no escuchó las voces de Tommy, uno de los hermanos de Joe, que, apostado junto al rincón de Ali, gritaba: "Ali está pidiendo que le corten los guantes, no va a seguir". "Es la cosa más cercana a la muerte que he vivido", sentenció Muhammad. Y esa batalla espectral de Manila fue la última pelea en que Eddie Futch dirigió a Joe Frazier).

Como escribe el 'Pulitzer' David Halberstam, "Frazier y Ali, les guste o no, son cada uno de ellos prisionero del otro y de lo que pasó en cada una de esas tres noches". El resto de sus episodios con Ali, desde cuando él le llamaba "Gorila" o "Tío Tom", hasta cuando usted, Joe, dijo de Muhammad que "alguien podía haberle tirado a aquel fuego olímpico que encendió en Atlanta", han dado vida a una rivalidad épica. ¿Ha vuelto a hablar con él, con Muhammad...?

Hace cuatro o cinco años, no recuerdo bien, él rectificó públicamente en un periódico (The New York Times) por las cosas que me había llegado a decir. Me sentí agradecido, pero esperé a verle. Hace un par de años nos vimos en Nueva York. Hablamos un poco y quedamos en llamarnos y vernos cuando fuera posible. Pero no he vuelto a tener noticias. Espero que su vida y su salud vayan bien. Yo me siento bendecido por tener en perfecto estado, a día de hoy, toda mi salud: mis puños, mis piernas, mis ojos...

Dicho todo esto, ¿considera a Muhammad Ali 'El Más Grande' de todos los tiempos"?

(Piensa la respuesta) Humm... en términos de boxeo, lo que yo he estimado siempre antes que todo ha sido la capacidad de pegada. Y en ese sentido, nadie me ha pegado más fuerte que George Foreman. En mis primeros tiempos me pegaron fuerte otros como Eddie Machen o Doug Jones, pero no creo que haya existido nadie con la pegada de Big George. En el caso de Ali, a mí me pasa que yo siempre sabía cómo podía golpearle y dañarle. Y lo demostré.

(George Foreman batió a Frazier en las dos veces que se enfrentaron. En su primer duelo, en 1973, en Jamaica, Foreman derribó seis veces a Frazier en dos asaltos y le arrebató por K. O. T. el título mundial de los pesos pesados. Un año después, en 1974 Foreman perdería ese cetro a manos de Muhammad Ali en la célebre noche de Kinshasa: el 'Rumble in the Jungle', el Estruendo en la Jungla, con Ali en su mejor versión del 'Rope a Dope', el engaño en las cuerdas).

Entonces, ¿qué pasó esa noche de Kinshasa? Usted estuvo allí radiando la pelea, junto a Mailer y Jim Brown...

¿En Zaire, dice usted? Foreman estaba enfermo. O, como mínimo fuera de forma. Ya sabe que aquel combate se canceló en principio y estuvo a punto de suspenderse por una lesión que George tuvo en la cara. Foreman no debió de haber peleado aquella noche. De hecho, creo que él no quería porque sabía que no estaba en su mejor momento. Hasta el final, George exigió garantías sobre el dinero, pero ya no pudo negarse cuando se cercioró de que el dinero estaba OK. Con Foreman en buena forma, el Ali de entonces no hubiese ganado ese combate.

Han pasado muchos años de todo esto, Joe. ¿Cómo está usted ahora de verdad, cómo ve a su país, qué cosas han cambiado...?

Me mantengo en forma, aunque me he operado de la espalda hace poco por las secuelas de un pequeño accidente de coche que tuve aquí junto al gimnasio. No es nada: me entreno todos los días, apenas tengo libras de más y ya sabe que hago una exhibición el día 30 en Memphis, tres asaltos contra el alcalde de la ciudad (Willie Herenton, ex campeón amateur). Este hombre, Herenton, parece que quiere tomar riesgos. Tengo el dinero que necesito para vivir, aunque quizá tendría que haber salido más de este gimnasio para promocionar mi imagen. Y no dejar tanto esa misma imagen en manos de otros. También estamos negociando una película sobre mi vida. ¿El boxeo? Básicamente, el deporte sigue siendo el mismo, con más show. Pero tengo que insistir a mis chicos para que flexionen y coordinen las rodillas en el ataque. No quedan muchos de aquellos viejos preparadores que yo tuve.

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