Henin adornó su reinado con el título de maestra
Ganó a Mauresmo en dos sets. También se lleva el número uno


Justine Henin cerró ayer en Madrid una semana mágica. Volvió a coronarse número uno del mundo, algo que ya consiguió en 2003; obtuvo el título de Maestra al ganar en la final del Sony Ericsson Championships a Amelie Mauresmo por 6-4 y 6-3; fue premiada con un millón de dólares y, sobre todo, consiguió superarse otra vez a sí misma.
A principios de año, su débil cuerpo (sufre un problema inmunológico) no admitió unos antibióticos que tomaba para curar una lesión de hombro y debió retirarse entre vómitos de la final del Abierto de Australia contra Mauresmo. La ingesta le provocó una úlcera. Luego ganaría Roland Garros sin perder un set y alcanzaría la final de Wimbledon. Una lesión de rodilla le devolvió a la enfermería en julio. Volvió en agosto y se metió en la final del US Open. Septiembre y de nuevo otro parón: desgarro en un gemelo que le ha obligado a descansar hasta Madrid. Nada parece poder con ella. Como no pudo la muerte de su madre con 12 años, ni los problemas con su padre, ni su cuerpo menudo (1,67) en desventaja ante acorazados como las Williams y los centímetros de las rusas.
Ayer, tampoco consiguió doblegarla Mauresmo, que era la actual campeona y que fue mostrando más y mejores prestaciones según pasaban los días en Madrid. Henin salió en tromba. En todos los juegos del primer set tuvo oportunidades de break y consiguió romper a Mauresmo en el quinto juego para 3-2 y en el noveno para 5-4 y adjudicarse la primera manga con su servicio.
Diversión.
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El partido discurría divertido, intenso, atractivo. Lejos de los puntos cortos que ofrecieron los hombres hace dos semanas. Lejos, también, de los pocos recursos de algunas componentes de la Armada rusa (léase Sharapova o Petrova). Tenis-champán de Mauresmo opuesto al tenis centelleante de Henin, que con sus derechas en suspensión y su revés como un cuchillo a una mano hacía restallar las bolas para acabar cuanto antes un partido que si se alargaba podía ser su tumba.
Del resultado puede deducirse que la belga fue muy superior, pero no fue así. En la segunda manga se sucedieron las roturas (cuatro para Henin y dos para Mauresmo) y sólo pequeños detalles decidieron el título, como la aceleración de Justine y su mayor consistencia en los momentos claves. A veces, no gana el más alto, ni el más guapo. Henin tiene otras virtudes. Y valen el número uno.