"Ahora todos juegan al mismo juego que yo"
Ben Johnson trabaja en el Toronto Track&Field Center, en la York University de Toronto, donde Charlie Francis le convirtió en una máquina del sprint. Allí pule a las nuevas promesas de la velocidad jamaicana que llegan a Canadá y allí recibe a AS para contar toda 'su' verdad.


Un día de septiembre de 1988, durante los Juegos Olímpicos de Seúl, le escuchamos proclamar al mundo: "Me gustaría decir que mi nombre es Benjamín Sinclair Johnson y que mi marca en la final de 100 metros en estos Juegos, este récord del mundo de 9.79, va a durar con seguridad hasta el Siglo XXI o incluso por toda una generación, a menos que sea yo mismo quien lo supere". 18 años después, ¿cómo recuerda Ben Johnson todo lo que pasó en Seúl, aquella carrera, su descalificación posterior por dopaje con estanozonol, el gran escándalo?
(Benjamín Sinclair Johnson, al borde de cumplir 45 años, ha aparecido, como cada tarde, en el Toronto Track&Field Center, en la York University de Toronto, donde Charlie Francis le convirtió en una bestia humana de la velocidad, lo más parecido a un "replicante". Ben sigue manteniendo la imagen compacta y poderosa de hace 20 años, cuando desgarraba las pistas del mundo con zarpazos de tigre de charol. Cuando alzaba "fácilmente" 150 kilogramos de hierro en el "press" de banca, pectorales con pesas. "Sólo tengo tres kilos más que entonces, 82 a 79. Ahora no alzo 150 kilos en pectorales, pero hago 100 fácilmente", sonríe Jonson. Y responde a la primera pregunta)
Todo lo que rodeó a aquel escándalo de Seúl estaba planificado. Planificado de lleno por los "americanos", los estadounidenses. Tenían algunos objetivos para encubrir lo que estaba pasando con ellos mismos y lo que se ha visto después, con el 'Caso Balco' por ejemplo. Y el primero y más importante de todos era yo. Pagué el precio por todos, casi por toda una generación. A esas alturas, todo el mundo sabía que prácticamente todos los que corrían en una final olímpica andaban con drogas, de una manera o de otra. Era el sistema y el tiempo lo ha demostrado después. Tras las cosas que el tiempo ha dicho, creo que no es injusto pensar que me deberían haber devuelto mi medalla de Seúl.
¿Ha hablado alguna vez con Carl Lewis de todo aquello?
Ni lo he hecho, ni lo haré. Jamás seremos amigos. Yo he sido mejor que él dentro y fuera de las pistas: yo puedo haber fallado algunos controles antidopaje, pero el mismo año de Seúl, 1988, él también tuvo controles positivos según la normativa de entonces. ¿Cuántos "positivos" fueron? Tres creo. Los que fueran: el caso es que los mismos americanos los taparon, como después se ha sabido, y le enviaron a competir a Seúl sin el menor problema. El verdadero problema es que yo les estaba haciendo perder dinero, mucho dinero.
La semana pasada anduvimos por Jamaica con Asafa Powell y Usain Bolt. Asafa ya está en 9.77. Quiere hacer 9.68. ¿Piensa Ben Johnson que Asafa puede bajar de 9.70? ¿Lo hubiera hecho usted? ¿Cuánto valía su carrera en la final de de Seúl si no llega a ralentizar y a levantar el dedo índice a partir de los 94 metros?
¿Dijo eso Asafa? Es cierto que puede correr más rápido, si mejora ciertos aspectos técnicos: por ejemplo y sobre todo, corre con los brazos demasiado abiertos, separados, y eso le hace perder tiempo. Si aprendiese a ir con los brazos más cerrados, ganaría en velocidad. Pero sí puede ir más rápido, aunque no sé si por debajo de 9.70. Mi carrera de Seúl, si no hago aquellos gestos que hice al final, era una carrera que hubiese valido 9.72. No es una especulación: la hemos descompuesto paso a paso coach Francis y yo, calculando con un sistema informático, y sabemos a ciencia cierta que esa carrera hubiese valido 9.72. Dí los tres primeros pasos en ocho décimas de segundo, y luego iba a cinco zancadas (pasos, "strides") por segundo. Alcancé una velocidad punta de 30 millas por hora (algo más de 48 kms./h.). Pero yo tenía que mostrar mi orgullo al mundo y demostrar de qué era capaz. Nací para tener orgullo. Y con las nuevas tecnologías de hoy y lo que ya sé, seguro que podría haber hecho 9.50.
¿Está seguro?
En el sprint, la tecnología es mucho. Las pistas de hoy son más duras y rápidas. Y hay mejores drogas (ríe).
¿Drogas, dice?
Las drogas también son tecnología, ¿no? Las hacen laboratorios especializados que se afanan en ello, ¿no es así? Mejores drogas hacen mejores marcas. En cuanto a las pistas, en las de hoy, que son más duras. el grado de penetración y el fuerte impacto de rebote de las zapatillas hace mejorar mucho la velocidad. Ni siquiera los clavos de las zapatillas son los mismos que cuando yo corría. Definitivamente, yo hubiese hecho 9.50 en 100 metros, estoy seguro.
Pero, ¿con ayudas extras, como las de Seúl?
Sé que yo llegué a Seúl sin haber tomado nada especial o ilegal. Y también sé ahora que estaba elegido para un sabotaje, un sabotaje de los americanos, muy probablemente. No podía saber lo que había a mi alrededor, no podía estar seguro de ello. (Recientemente ha fallecido en el Caribe el doctor Jamie Astaphan, médico personal de Johnson en los años 80). Pero lo supe después. Se sabía que nadie podía llegar a mis marcas, y eso rompía la competencia del sistema. Ya le he dicho: había gente que perdía mucho dinero, empezando por Lewis y los americanos. América y sus sprinters tuvieron celos de mí. Y sé que hubo ese sabotaje. Escuche (con orgullo)
Escucho...
Nadie en el mundo ha sido capaz de correr 16 veces por debajo de 10.10 en el mismo año, con récord del mundo incluido, como yo hice en 1987. Y nadie ha podido ganar 21 carreras de 100 metros seguidas, como yo. Maurice Greene ha sido quien más cerca ha estado de ello. Después de mí, ha sido el mejor. Ya ve, yo lo digo, y no tengo problemas porque Greene sea americano. Siempre dije que si alguien me ganaba y demostraba que era mejor que yo, le daría la mano, le felicitaría y no tendría celos.
Sí sabemos que nadie más ha sido capaz de hacer la famosa salida de tacos de Ben Johnson, como en salto o 'plongeon' hacia delante.
Ja, ja, porque nadie ha tenido el poder que Ben Johnson tenía y tiene en el tren superior. Lo que hablábamos de las cargas de pectorales. Escuche, nadie: ni Mike Tyson, ni Muhammad Ali, ni Diego Maradona han tenido el poder y la fuerza que yo tengo en mi tronco. Y ya ve que le estoy hablando de algunos atletas famosos. Esa salida que usted recuerda sólo la puede hacer Ben Johnson, nadie más. No hay ni habrá otro como yo, con el poder y con la fuerza de maniobra en la parte superior del cuerpo que yo he tenido en la competición. Yo soy el único. Y soy único. Mi mayor alegría, y nadie me la podrá quitar, fue que mi padre y mi madre, que fueron quienes me crearon, me vieron correr como corrí y hacer lo que hice.
Ya ha visto lo que ha pasado con Justin Gatlin y con su entrenador, Trevor Graham. ¿Qué le parece todo esto, dentro de la rivalidad entre Gatlin y Asafa Powell. (Tras ser vetado por el Comité Olímpico de EE UU, Graham va a ser acusado ahora formalmente y de modo inminente de "obstrucción a la justicia", durante las investigaciones del 'Caso Balco'. Y La Federación de EE UU, USATF, ha borrado oficiosamente de sus registros toda referencia sobre Gatlin, incluso las biográficas).
(Carraspea y vuelve a reír, con un punto de ironía). Vuelve a confirmar todo lo que le vengo diciendo. La gente está bastante más a favor de Asafa, porque ve a Asafa como algo más natural y no tan dentro de un sistema o de un juego. El caso de Gatlin vuelve a decir que todo el mundo juega al mismo juego, y no sólo Ben Johnson en 1988. Y para la credibilidad del atletismo de EE UU es algo terrible, una vez más.
Hemos andado por la Universidad de Toronto, hemos preguntado a entrenadores, ex atletas y aficionados, y hemos sacado una impresión: cuando usted batía récords y ganaba títulos para Canadá, Ben Johnson era más canadiense que nadie, y llegó a ser condecorado con la "Orden de Canadá".
Cuando todo estalló, usted pasó a ser simplemente un "Jamaican born", un canadiense nacido en Jamaica. Y todo el mundo miraba para otro lado
Digamos que los canadienses son muy escrupulosos y que pueden llegar a enfadarse terriblemente si piensan que alguien les ha engañado, y, sobre todo, si piensan que ese engaño les ha tocado en lo económico. Son muy escrupulosos, dejémoslo ahí. Y digamos que para mí no puede haber nada que sea terrible ni temible, mientras mi orgullo me mantenga. (En la actualidad, tras ocuparse incluso de la preparación de ciertos equipos de fútbol europeos en divisiones inferiores, Johnson, aconsejado por Francis, supervisa el entrenamiento de algunos jóvenes valores jamaicanos en mismas las pistas de la York University, en el suburbio de Scarborough, que le vieron crecer. Uno de sus pupilos, el cuatrocentista Gavin Smiley, se va a enrolar en la Universidad de Kentucky. Junto a Johnson y Francis trabajan Desai Williams y Angela Issajenko, compañero y compañera de Johnson y Francis en el Scarborugh Optimists Track Club de los años 80. Issajenko y Williams, que también corrió la final olímpica de 1988 en Seúl , testifican la entrevista).
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¿Recuerda usted aquel Ferrari negro que se compró cuando ganaba medio millón de dólares al mes sólo con los contratos publicitarios que tenía firmados?
Lo recuerdo, claro. Lo vendí, pero todavía anda corriendo por ahí. Uno hace esas cosas cuando es más joven. Ahora ya no lo necesito. Estoy contento de vivir como vivo: tengo dinero para pagar mis facturas, me puedo mantener por mí mismo, he creado mi propia línea de ropa (Ben Johnson Collection) y no tengo que pedir nada a nadie. Bueno, si en España o en Sevilla, una ciudad que me encantó, quieren verme aparecer para algo, para un "show", para dar lecciones sobre mi salida o algo así, estaré encantado de viajar de nuevo allí, dígalo así. (Montamos una salida de ficción en la inmensa pista del Toronto Track&Field Center, para que Alejandro González, reportero gráfico de este diario, dispare el "flash" a placer. Ben Johnson clava el taco de salida y alecciona a Alejandro Delmás, servidor: "Diga "ready", "set", "go", y a la palabra "go", allá voy. Y a la voz "go", allá va Benjamín Sinclair Johnson, en el asombroso "plongeon" de siempre, un reluciente cohete humano que detiene el tiempo en los años 80. Nadie puede hacer esa salida, nadie más la hará. Sólo Benjamín Sinclair Johnson).