Federer es infalible
El suizo ganó en tres sets al chileno González y enamoró a Madrid


Sí, Roger Federer es infalible. Es el jugador perfecto. Llegó al territorio de Rafa Nadal y cumplió con su obligación de alcanzar la final donde en teoría le debía haber esperado el español para librar otra batalla memorable. Pero quien estuvo ahí fue Fernando González, el número diez del mundo, que venía de perder en Viena con Ivan Ljubicic. No es cuestión de jugarse el dinero apostando contra Federer, porque sus números son apabullantes. Está en 82 victorias y cinco derrotas, superando su mejor marca de 81-4 de la pasada temporada. A estas alturas acumula diez torneos, a uno solo de los 11 de 2005, entre ellos tres Grand Slam y el Masters Series de Madrid que el propio suizo definió ayer como "el mejor torneo del mundo en pista cubierta". Un evento que ha cerrado esta edición con récord de asistencia (130.000 personas).
El chileno le duró un suspiro a la apisonadora que domina el tenis mundial con brazo de hierro y con contados sobresaltos por parte de Nadal: 7-5, 6-1 y 6-0. Tremendo. En realidad, el partido duró sólo los 44 minutos del primer set, porque lo que vino después fue El monólogo de Don Rogelio. No es gracioso, pero se aprende. Las 10.000 personas que esperaban ver revalidar el título al Príncipe Nadal se encontraron aplaudiendo asombrados a Su Majestad Roger Federer. No había otra.
La computadora que el suizo tiene en su cerebro cruzó enseguida los datos de los siete enfrentamientos previos con González, en los que siempre ganó, y aplicó la receta: evitar el drive durísimo del pegador chileno y cargar sobre su revés una andanada tras otra. Mientras el de Santiago corría, Mister Perfecto flotaba de lado a lado. En el duodécimo juego del primer set metió la presión a González y se apuntó el break para 7-5. Un tropezón en los últimos puntos le provocó una torcedura en su tobillo derecho de la que tuvo que ser atendido. Sólo una lesión podía pararle. Pero afortunadamente salió para seguir dictando lecciones.
Dos lecciones.
La primera la tituló "Cómo meter miedo a un rival que te cree herido". Sólo le hizo falta escribir una línea para explicarlo. "Juego en blanco". Algo que Federer repitió en el cuarto y en el séptimo a lo que añadió dos breaks para acabar 6-1. Fue una forma de dejar aturdido a un rival que en las semifinales se había visto llevado en voladas por la revolución anti-Berdych.
La segunda lección la denominó "Cómo dejar al público boquiabierto" y lo hizo con variados golpes de maestro y tres roturas para rendir Madrid a sus pies. El rumano Ion Tiriac, que ha visto jugar desde Rod Laver hasta Pete Sampras, le definió después del partido ya como "el mejor jugador de la historia". Por el momento es infalible y si sigue a este nivel será coronado como el más grande.
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Estaba de verdad expectante por cómo me iba a recibir el público de Madrid al estar Nadal, pero el martes me tranquilicé con la ovación. Ayer me animaron mucho y fue agradable. No sé si soy el mejor de la historia. Lo sabremos si sigo rompiendo récords y ganando muchas más finales de aquí a cuatro o cinco años. Lo que es seguro es que soy el mejor ahora mismo. No me canso de ganar. Sigo mejorando aunque ya sólo puedo cambiar pequeños detalles que marcan la diferencia. También he progresado físicamente y no me asustan los partidos a cinco sets. ¿La Davis contra España? Está muy lejos, pero estoy organizando mi calendario y en unas semanas creo que lo sabré".