Tenis | Masters Series de Madrid

Berdych rompió el sueño

Nadal dio la cara, pero no pudo con el saque del jugador checo

<b>ADIÓS INESPERADO. </b>Rafa Nadal cayó en cuartos de final y no podrá revalidar el título que consiguió el año pasado.
Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Tomas Berdych hizo el partido perfecto, y tuvo que ser ante Rafa Nadal. El campeón de 2005 se quedó en el escalón de cuartos de final. En los cuatro últimos torneos (Toronto, Cincinnati, US Open y Estocolmo), todos sobre pista rápida, no ha podido pasar de ahí. Madrid soñaba con poder elevarle a los cielos, en una superfinal frente a Roger Fererer, pero un checo con un cañón en su brazo derecho le tumbó. Y encima se despidió con un recadito para el público. Mal epílogo para un cuento que tenía escrito prematuramente su final.

Ayer ganó el mejor. Y lo hizo además sobreponiéndose a la presión ambiental. Gestos aparte, Berdych supo jugar su baza a la perfección. Su servicio ofrece unas prestaciones tan altas que anteayer se permitió el lujo de dejar en el camino a Roddick, un reputado bombardero, y ayer al número dos del mundo. Mantuvo la mayoría de sus saques por encima de los 200 km/h mientras Nadal sólo lo hacía en contadas ocasiones. Esa maldita diferencia de velocidad es la que quieren limar sus mentores para que pueda aspirar a hacer más cosas grandes. Está en ello y a veces eso le provoca desajustes y bajadas de confianza.

Berdych, que el año pasado ganó ya el Masters Series de París sobre una superficie ultrarrápida, advirtió que en la altura de Madrid sus bolas volarían y así fue. En el cuarto juego del primer set Nadal cometió una doble falta, falló en los intercambios y el checo logró un break que el español fue incapaz de contrarrestar en toda la manga, que acabó 6-3. No es que Rafa no lo intentara, porque luchó como un león, pero Berdych le cambió el guión respecto a los dos partidos anteriores. Sus tiros muy angulados obligaban a Nadal a sufrir para restar y si lo lograba se veía metido en un baile de lado a lado de la pista que le resultó incomodísimo.

Los espectadores del Madrid Arena pensaron entonces que asistirían a otra noche mágica. A otra remontada. Invocaron al miedo escénico e impulsaron a Nadal a creer que era posible apagar el incendio que estaba provocando Berdych, quien ya se ha convertido en una bestia negra para el español porque le ha ganado en tres de cuatro enfrentamientos. Y Rafa aceptó el envite. Y se fue como un toro en el sexto juego a romperle el saque. Y tuvo una oportunidad, pero su inspirado rival lo solucionó con un ace, una volea y otro obús a 211 km/h. Con 4-3 a favor gozó de otra oportunidad que tampoco consolidó y que había conseguido con una bola imposible para la que Berdych pidió el Ojo de Halcón sin suerte.

Nadal tiró de casta, peleó, pero se vio abocado al tie-break. Y directo a la muerte súbita. Tuvo punto de set con 6-5 y el checo metió una bola a la línea que también necesitó repetición: línea. Ahí se acabó el partido. Y el sueño.

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Próximo objetivo: Shanghai

Nadal tiene ahora como gran objetivo el Torneo de Maestros, que se celebrará del 12 al 19 de noviembre en Shanghai. La semana próxima está inscrito en Basilea, ciudad natal de Federer, pero es probable que no acuda. Sí lo hará al último Master Series, el de París, que comienza el día 30. El 6 de noviembre viajará hacia China, donde quiere hacer un buen papel, ya que el año pasado no pudo jugar por lesión. "Estoy mejorando cosas. Me veo bien con el saque y mi drive está funcionando mejor".

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