Pedazo de kazajo
Victoria del líder en la crono. Superó en seis segundos a Samuel

Sencillo razonamiento: "Tenía que demostrar que yo era el líder de la carrera". Así explicó Vinokourov su victoria en la crono. El maravilloso mundo de los kazajos. Sin dobleces, directos. Al pan-pan y al vino... Vinokourov. La admiración que nos causa este ciclista sólo es comparable con la fascinación que nos despierta su misterioso país, poblado por quince millones de habitantes a los que imaginamos firmes, determinados y rubios, incluso vestidos de azul celeste con un sol amarillo en el pecho, ya saben que la ignorancia es osada.
Vinokourov volvió a sentenciar la Vuelta por si alguien tenía todavía alguna duda de su dominio físico y psicológico sobre la carrera y sus adversarios. No se puede decir que arrasara, porque el nuevo ciclismo iguala fuerzas y clasificaciones. Se manejó con suficiencia, pero sin avasallar. Dosificó al principio y se exprimió al final, aunque no hubo una sola rotonda a la que no tratara de usted. Sin nervios. Supongo que para un pueblo invadido sucesivamente por persas, mongoles y soviéticos, los nervios, como los sustos, son animales de compañía.
En la primera referencia, tomada en el kilómetro once, Valverde era tres segundos mejor que Vinokourov. No resultaba muy extraño, porque el nuestro se había jugado el bigote en la primera parte de un circuito que era de todo menos bonito, demasiado árido y plagado de accesorios de obra. En cualquier caso, la ventaja era ligeramente esperanzadora, no ya para ganar la Vuelta, sino para conquistar una etapa y luego gritar me lo merezco y repartir cortes de manga, dedicados al destino y La Pandera, naturalmente.
Sin embargo, en dos resoplidos, Vinokourov, más compacto, ya se había puesto por delante, como nos confirmó ese destripador de finales que es el GPS. Sólo un increíble Samuel Sánchez le resistió el pulso hasta la última recta y al final sólo cedió por seis segundos. Según explicó el asturiano después pudo haberlos perdido por haber bebido media docena de veces y haber descompuesto la figura aerodinámica. Como se ve, no se pueden tener ni las pestañas largas. Hay que ser como un profiláctico.
Valverde.
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En resumen, Valverde fue tercero, a sólo 19 segundos, una diferencia que ratifica su enorme progresión en la especialidad y nos ofrece buenas razones para curar nuestro maltrecho corazón. En la primera crono, con la moral intacta, entregó únicamente ocho segundos. No deberíamos olvidar que tiene sólo 26 años, los mismos que Kashechkin, con el que somos tan generosos. El otro kazajo perdió ayer 1:06, pero Sastre, notable como siempre, no pudo darle caza en la general.
Hay que asumirlo. Nuestra desgracia es que queremos que vengan buenos extranjeros para dar lustre a la Vuelta y cada vez que nos visita uno acaba por ser el vencedor. Y no se harían tanto los estrechos si reconocieran a esta carrera como un magnífico banco de pruebas para sus futuras posibilidades en pruebas de tres semanas. Hinault, Fignon, Rominger, incluso Armstrong, se destaparon aquí y desde aquí ha comenzado a planear Vinokourov su asalto al Tour. Tendrá 33 años y diez meses. Una minucia para un kazajo.