Ciclismo | Vuelta a España - 8ª Etapa

Golpe a golpe

La jornada de transición no lo fue. Venció otro ilustre, Vinokourov, y el temor a un grave accidente de Jufré conmocionó la carrera. Hoy se disputa la etapa reina, con final en La Cobertoria, el test definitivo para todos los que se consideran favoritos al triunfo final. La batalla está asegurada.

<b>EL SUSTO. </b>Jufré se duele tirado en el asfalto de un profundo corte en el bíceps de su brazo derecho. Ángel Gómez (Saunier) observa alarmado.
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Cuando su amigo y compatriota Andrei Kivilev falleció como consecuencia de una caída en la París-Niza de 2003 (hecho que provocó la obligatoriedad del casco), Vinokourov anunció que a partir de entonces correría con la fortaleza de dos corredores. Cuarenta días después, cumplido el tradicional luto de los kazajos, ganó la Amstel Gold Race. Luego la Vuelta a Suiza. Y después una etapa del Tour, donde finalizó tercero. Se había transformado en un ciclista mejor. Quizá en dos.

En 2004 una lesión le impidió correr el Tour y en 2005 fue el único rebelde en la dictadura de Armstrong, al que atacó mil veces, aunque con escaso rédito. Le sobra coraje, pero le falta motor, dijimos. Debió oírnos. Después de vencer en Briançon se impuso a los grandes sprinters en los Campos Elíseos. Desde Hinault, no se recordaba un candidato al Tour que ganara en París.

Luego llegó el fichaje por el extinto Liberty y el rescate del primer ministro de Kazajistán (ayer en la carrera), que buscó un nuevo patrocinio al equipo: Astaná (nombre de la capital del país y holding de empresas kazajas relacionadas con el gas natural y el petróleo).

Creo que se comprende que Vinokourov sea un tipo en permanente venganza. ¿Contra quién? Contra la derrota, naturalmente. Lo volvió a demostrar ayer. Falló en La Covatilla (perdió 2:13) y quiso desquitarse en el Morredero. Pero lo impidió Valverde. En Lugo no falló. Del mismo modo que fue batido, con un demarraje huracanado, derrotó al pobre Paolini, al que dejó girando como una peonza. Con el triunfo en el bolsillo (segundo en la Vuelta) y con veinte segundos de bonificación que reducen su diferencia con el líder (2:07), aseguró que no renuncia a nada. Lo sospechábamos.

La etapa que nos conducía a la gran batalla que se librará hoy fue desgarrada y dura, justo lo contrario a un día de transición. Jufré, cuyo rendimiento estaba siendo sobresaliente (era 12º, a 2:49), se cayó y se rasgó el tendón del bíceps derecho con el filo superior del quitamiedos. Perdió un litro de sangre. Dan miedo los quitamiedos.

Por delante, un joven belga desafiaba al pelotón, Kevin Van Impe, sobrino de Lucien, el mítico escalador, seis veces rey de la montaña en el Tour y flamante ganador en 1976. El muchacho, que alcanzó los cinco minutos de ventaja, fue atrapado a falta de 13 km para la meta. Al menos quedará para la historia que un Van Impe pasó primero por el puerto de Ares, de tercera categoría.

Fue en ese instante, ya en Galicia, cuando se fugó Pereiro. El delirio (interior y exterior) duró apenas dos kilómetros porque el grupo rugía, pero se valora el intento. Un ganador del Tour debe dejarse ver, en casa y fuera, vengarse, fijarse en Vinokourov.

Gran final.

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Como los últimos metros picaban en alto todos los gallos asomaron por la cabeza del grupo, de Mayo a Valverde. Pero un kazajo tenía un plan. Y lo llevó a cabo. El segundo puesto fue para el hiperactivo Marzoli, ex campeón de mountain bike y séptimo en la general (a 1:05).

Hoy se disputa la etapa reina, una jornada despiadada que no permitirá ni una debilidad. Y se intuyen. Quien resista hoy es fácil que resista hasta el final. Un examen para el chico Brajkovic y para el cansancio de Sastre. Una prueba más para la furia de Vinokourov. El test definitivo para confirmar la candidatura de Valverde. Un buen día para saber si nos olvidamos a alguien.

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