La Vuelta de la ilusión
Etapas cortas, cinco finales en alto y cronos de corto recorrido. Añadan a eso una participación de lujo que reúne a los campeones 'administrativos' de la última Vuelta y el reciente Tour. Todo favorece a una carrera que debe ser la más limpia de la historia.

A la Vuelta se recurre como se recurre al primer amor, admitámoslo, por el desengaño que nos causó lo que vino después, las italianas, las francesas, hablamos del Giro y el Tour, naturalmente. Tal vez sean esas decepciones las que de alguna forma inexplicable nos hacen recuperar la ilusión ahora, quizá porque no hay aficionado más fiel que el que resulta permanentemente apaleado. Esa debe ser la explicación. Seguimos creyendo. En el ciclismo, en la Guardia Civil y en los laboratorios antidopaje.
La Vuelta a España puede convertirse en la primera de las grandes carreras por etapas que proclama este año un ganador limpio, porque no lo fueron ni Landis ni Basso. Tal vez sea la primera prueba de tres semanas que no tendrá que utilizar el tipex en su palmarés. Si lo consigue, habrá ganado, por vez primera, al Giro y al Tour. El desafío es interesante, no lo negarán.
Aislada de las truculencias, la carrera se presenta, antes que apasionante, divertida. Ese es el espíritu que transmiten dos de los principales favoritos, Valverde y Pereiro, compañeros de equipo y una pareja que recuerda a la que formaron hace 20 años Pedro Delgado y Peio Ruiz Cabestany. Cómplices, atractivos, sonrientes y sólo ligeramente enemigos. Cada uno con su público y el público de los dos.
Pereiro, virtual ganador del Tour hasta que se confirme oficialmente la descalificación de Landis, debería utilizar la Vuelta para confirmar su transformación de guerrillero a general, de humano a superhéroe. No lo tendrá fácil porque las distracciones del éxito habrán perjudicado sus entrenamientos. Sin embargo la confianza en uno mismo, en grandes dosis, alivia cualquier contratiempo. Y Pereiro sale como ganador del Tour.
Valverde no puede esperar más. No debe. Entre las precauciones de sus cuidadores y la mala suerte ha llegado a los 26 años con grandes triunfos pero sin una grandísima victoria. Otro aplazamiento le hará ganador de una Vuelta (Giro o Tour) en las edades de los buenos corredores. Y él es muchísimo más que eso. Es Hinault con retraso.
Muy cerca de ellos estará Carlos Sastre, cuarto en el Tour y tercero cuando corra puesto. En este caso, su experiencia y su enorme calidad sólo está lastrada por la acumulación de kilómetros: Sastre ya ha corrido Giro y Tour.
Los foráneos.
También habrá extranjeros con opciones y con ganas de ejercerlas (esta es la novedad). El primero, Menchov, que ayer, en la presentación de la carrera, recibió el trofeo de ganador en 2005. El acto, himno incluido, ruborizó hasta al propio interesado, que nunca supo si reír o llorar. Aunque el ruso admite que no ha llegado muy fresco el dorsal número uno le obliga. Ojo porque cualquiera de sus escuderos (Boogerd y Rasmussen) podría convertirse, en un momento dado, en candidato. Les recuerdo que el ciclismo limpio es impredecible y en esta Vuelta no hay apenas cronos aguafiestas.
Vinokourov será el otro gran aspirante foráneo. La más ilustre víctima del equipo que fue de Manolo Saiz, podría hacer de la furia su principal motivación. Quien hubiera sido candidato al Tour también debería rondar el triunfo en la Vuelta.
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Mayo, Zubeldia, Danielson, Samuel Sánchez, Föthen (segundo mejor joven del Tour), Marchante y Perdiguero (ojalá se lo crea y lo intente) forman la segunda línea de candidatos, los Pereiros. Para los dos primeros quizá pase el último tren.
Petacchi se peleará con McEwen y cuando falle alguno Zabel hará segundo, tras Hushovd. Mucha montaña, etapas cortas y, al fin, alegría. Yo me lo creo.