Montañismo | "Al filo de lo imposible" no descansa

Karakorum, al otro lado del tiempo y del mundo

En estos días, Sebastián Álvaro comparte trabajos con los miembros de la ONG Sarabastall, de Calpe, a más de tres mil metros de altitud. Con la grandiosidad del Karakorum como testigo mudo, más allá de los límites de la civilización.

El grandioso Karakorum.
Actualizado a

El valle que excava el río Hushé es un pequeño mundo en el corazón de las montañas más altas de Asia impregnado de la sabiduría de sus gentes. Son vecinos de leopardos y narradores de leyendas fantasmales que surgen de las grietas de glaciares inmensos. Es un lugar feroz tajado por un torrente violento. Sin embargo, persiste la calma acogedora que transmite su gente y el paisaje amable. Allí te envuelve el aroma cálido del prado o te agita el espíritu de la grandiosidad propia del Karakorum.

En estos días los sembrados se terminan de agostar, listos para ser segados por mujeres y niños. Los hombres, duros como el granito de las montañas, portean para las expediciones que regresan a Skardú. Inevitablemente algunos alpinistas quedaron en ese hielo eterno de las grandes altitudes. Mientras, en Hushé, la vida continúa lenta e imperturbable, al otro lado del río, al otro lado del mundo, ajena a los avatares que el destino ha esparcido en las crestas huidizas, en las paredes verticales y en las cimas inalcanzables. Desde Hushé, una aldea a 3.000 m. de altitud, se accede a otro Karakorum, casi inexplorado. Este verano nos hemos asomado a una ventana desde la que mirar más lejos. No ha habido cumbres conquistadas sino una mirada fascinada de un paraíso todavía prohibido.

Fuerzas geológicas.

Noticias relacionadas

En Hushé acaba la comunicación y el sentido global de la civilización. Aquí comienza un misterio de grandes picos, valles y glaciares prohibidos que configuran un paisaje desgarrado, "la mayor expresión de las fuerzas geológicas del planeta". Quizá, si la lógica se impone a la guerra, dentro de poco se pueda entrar en esos glaciares y algunos alpinistas puedan intentar ver el mundo desde lo alto de esas montañas vírgenes y desafiantes.

Para entender este mundo hay que conocer a mis amigos de Hushé. Desde hace 25 años mi vida está ligada, profesional y afectivamente, a ellos. Y desde hace seis, con mis amigos de la ONG Sarabastall de Caspe, intentamos mejorar su vida para devolver algo de lo mucho que les debemos. Así que mientras mis compañeros de expedición vuelven a sus asuntos (Juanito al Himalaya, Edurne y Ester al Shisha Pangma y Toñín al Everest) otros nos quedaremos trabajando en Hushé. Saltaremos al otro lado del mundo. No se pasa al otro lado si no es por detalles que algunos quizás sí recuerden: surge cuando se recupera la capacidad de saborear una fruta, de disfrutar de la sombra de un árbol. Crecen las montañas hasta tocar las nubes y cubrirse del hielo ingente que ahora, con el cambio climático, desborda los turbulentos rebufos del río Indo. Estamos en una isla y somos bien recibidos. Una vez en Hushé perteneces al mundo del otro lado del río, del otro lado del tiempo y del mundo. Es un islote en un océano, dentro de la cordillera más salvaje de la Tierra. Todo es amabilidad y agradecimiento. Un grupo aguarda nuestra llegada, niños y mayores cantan una melodía antigua. Seguimos sus ritmos, primero con las palmas y finalmente en una danza que es un rito de bienvenida. El resto nos regalan adornos de papel brillante. Hay palabras y ojos alegres. Emoción. Una palabra se repite: "¡Larga vida a 'Al Filo de lo imposible'! ¡Larga vida a Sarabastall!". Y nos buscan con una cordialidad que sólo puede mostrarse en este remoto punto. Ahora que llegamos al final, quería haceros cómplices de este secreto: a este lado del río, en el corazón de las cordilleras, en islas castigadas por un perpetuo vendaval, allí habita el verdadero rostro de lo que hacemos, la emoción compartida en honduras humanas, el rostro de 'Al Filo'. No es sólo la aventura, la fascinación de los paisajes, 'Al Filo' es esa llegada que no aparecerá en los documentales o en los libros que hablan de aventuras en regiones perdidas o en las entrevistas. Es el hondo afecto con que te reciben esos otros mundos, al otro lado de todos los ríos que casi nadie se atreve a cruzar.

Te recomendamos en Polideportivo