"Dije, 'qué narices, aquí tiro yo y a ver qué pasa"
La campeona europea reconocía que este título le ha emocionado más que el logrado en Múnich. Admitió que fue vital salir a correr "sin presión" y reveló que en la reunión de Mónaco correrá los 3.000 metros obstáculos.


¿Le ha emocionado más este título o el del pasado Europeo en Múnich...?
Por todo lo que ha pasado, éste. Me he emocionado en el podio, porque pensaba que ahora, precisamente ahora que no había querido escuchar a nadie, y que no quería correr esta prueba, llegaba este título. Me he pasado toda la semana entre hielo y masajes, me dolían los gemelos y la espalda. Yo hubiese querido que aquí hubieran llegado tres españolas con la participación cerrada en el 5.000, y así ya hubiera sido imposible que yo compitiera. Tenía aquí a mis hermanas, y claro que pensaba en la satisfacción que se han llevado todos y en que yo no quería haber salido. Así que es un sueño, claro.
Y el próximo sueño...
(Rotunda) Seguir siendo feliz. Ahora soy feliz, pero se está así cuando se piensa en la vida del atleta, en lo difícil que es esto, y en lo fácil que resulta que todo se vaya por la borda. Técnicamente, voy a hacer una novedad: correré los 3.000 obstáculos en la reunión de Mónaco.
Si no es por Odriozola, ahora no tendría este título.
Es cierto, y a él le dedico la medalla. Me dijo que iba a ser una carrera táctica, especialmente buena para mí, y está claro que ha tenido toda la razón. Él estudia mucho a las atletas rivales.
Noticias relacionadas
Técnicamente, ¿dónde ha estado el secreto?
Ha sido fundamental salir a correr sin presión. La presión nos ha quitado más de una medalla a los españoles, pero yo aquí nada tenía que perder y sí mucho que ganar. De entrada, el ritmo era el más adecuado para mí, tranquilitas. Podía ir bien dentro del grupo, por la cuerda. Poco a poco, todo se fue acelerando, pero yo sabía que, al ritmo que habíamos ido, mi final podía ser el mejor de todos. Cuando nos quedamos cuatro en cabeza, pensé que ya tenía una medalla muy cerca. Después, miré muy tranquilamente los tirones del final entre la rusa y la turca Abeylegesse, porque ya tenía el bronce asegurado. Entonces, me dije "qué narices, aquí tiro yo, y a ver qué pasa". Y pasó lo que pasó. Pero hasta el último metro no estuve segura.