Higuero, de bronce y Baala, bala de oro
Mehdi Baala se impuso de forma categórica en la final de 1500 metros, revalidando el título que consiguió en Múnich 2002. El francés llegó por delante del ucraniano Ivan Heshko, y de los tres españoles. Higuero consiguió su primera medalla en un gran campeonato al aire libre.


Tanto hablar de los 'africanos de Europa', que pasó lo que tenía que pasar: en el 1.500, la etapa reina del medio fondo, el oro lo descolgó un musulmán, hijo de padre argelino: Mehdi Baala, una bala casi tan mágica como la que dicen que mató a John Kennedy en Dallas. Y no precisamente español, sino francés. Fijando el asunto, tan francés como Zidane. Y tan musulmán como para besar la goma roja del Ullevi Stadion dando gracias a Allah: a quién iba a ser, si no. Según ciertos exquisitos medios franceses, Baala llegaba a Gotemburgo con un problema de ciática. Visto lo visto, para mí querría yo ese problema. Porque lo que recorrió Ullevi en los cambios de ritmo de Baala fue el recuerdo de Hicham El Guerrouj.
La bala Baala revalidó su título europeo de 2002 en el Olympiastadion de Múnich no exactamente gracias a Alá (o quizá sí, vaya usted a saber), sino mediante un cambio de ritmo finísimo, eléctrico, devastador e irresistible, ante el que sólo cabía buscar cobijo, como si fuera la tormenta que amenazaba la ciudad. La tormenta o el simún de Baala se llevó por delante, primero, el control metronómico que imponían por la cuerda las caderas y codos de Casado. Y después, cambio a cambio, Baala trituró espesamente las respuestas de Higuero, al que hay que hacer justicia: sólo él se rebeló contra el musulmán francés. Ese coraje alocado, a pecho descubierto, sólo le valdría al León de la Blume una buena medalla de bronce, que no es poco. La plata se la arrebataría Heshko, campeón mundial 2006 en la pista cubierta de Moscú, y campeón mundial en las carreras perras de las grandes finales.
Era una final sin africanos, pero es preciso recordar que entre los seis primeros del Mundial de Helsinki 2005 sólo hubo dos no europeos: Ramzi y Kaouch, oro y plata. Durante 800 metros, Casado, un muro, intentó tabicar la calle uno, pero habría necesitado un chaleco antibalas, antiBaala. Cuando Mehdi vació el cargador, destrozó las alarmas y el ritmo de Casado e incendió la carrera, que ya gobernaba sin remisión al paso por los 1.200 metros. Lo suyo se resume en una palabra: clase. Alocada pero heroicamente, el legionario Higuero se negó a rendirse en el desierto donde galopaba la gacela francoargelina.
En la estampida desatada por Baala, Higuero no pensó en su inminente reto en 5.000 metros, y fue a una caza... suicida, como él mismo la definiría luego: por detrás llegaba Heshko, cuchillo de plata entre los dientes. "Me comí todo el viento y me suicidé en la "contra recta", respondiendo a los cambios de Baala", recordaría Higuero. Fue tal que así: y cuando Baala, campeón, se arrodillaba ante Allah Todopoderoso, ya llegaba Heshko, el caimán de Ucrania que había olfateado la plata, con la medalla colgada de los colmillos. El bronce, para Higuero, una medalla al valor entre el superclase francés y el listo de Ucrania. Los tres medallistas fueron los únicos que acabaron por debajo de 3:40.00. Fuera del podio, aunque cada día más cerca, Casado, cuarto, y Gallardo, quinto.
Bala de oro, caimán de plata y ese legionario de bronce que fue Higuero en un gran día para Francia: la Marsellesa retumbó para Baala, que lloró cuando sonaba eso tan antiguo de que "el día de gloria ha llegado". Será en los suburbios de París. A esas horas, Marc Raquil, el velocista más parecido a Dennis Rodman, el viejo "showman" de la NBA, atrapaba otro oro tras su remontada en 400 lisos. Pero qué clase tiene este Baala. Es lo más parecido que hay a El Guerrouj. Si Allah bendice con esa clase a sus creyentes, es que Allah es muy grande, chicos.
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