Atletismo | Campeonatos de Europa

Tres medallas entre el paseíllo de Paquillo

Oro del granadino en 20 km marcha y plata y bronce en 10.000

<b>RADIANTES. </b>Casi tocaron el oro en los 10.000 metros del Europeo de Gotemburgo, pero la plata y el bronce dejó felices a Chema Martínez y a Juan Carlos de la Ossa.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

El extraño calor húmedo de Gotemburgo rompió en lluvia. Y los dioses de la extraña lluvia boreal trajeron en sus gotas las medallas españolas. Desde las proximidades de África, como entre dunas mojadas, llegaban esas medallas, hermanadas con la aparición triunfal de las reinas suecas ante 30.704 ansiosos espectadores en la grada del Ullevi, con forma de ola. Aquí las reinas, Carro Klüft, la Pipi Calzaslargas del Siglo XXI, y Kajsa Bergqvist, algo así como la Lady Di del salto de altura. Y aquí la primera lista de medallas de la célebre saga conocida como "Los Africanos de Europa": Paquillo Fernández, nuevo oro europeo en 20 km marcha... y la pareja de 10.000 metros, Chema Martínez-Tete de la Ossa, con su plata y su bronce que a todos nos supo a poco: el astuto alemán Fitschen, de la industriosa ciudad de Wattenscheid, descolgó el oro de un pecho español en los recovecos de la última curva. Las mejores fuerzas de Martínez y De la Ossa se habían quedado en la respuestas a los tirones del suizo Belz, que limpió la carrera en el último kilómetro, sólo para quedarse cuarto y fuera del podio.

Lo de Chema y Tete fue un sabor agridulce que combinó emoción y desilusión: hacia los 6.400 metros, a Martínez y De la Ossa se les unía Ricardo Serrano en cabeza de carrera, conformando un Ejército Rojo en busca del rapto de Europa. La respuesta de Belz puso a prueba a De la Ossa (que había ido tirando entrecortadamente, casi sin relevos), se llevó a rebufo a Chema y dinamitó las energías de Serrano. Fitschen presenciaba las hostilidades desde posiciones intermedias. En la tremolina, Lebid se hundió. Martínez y De la Ossa liquidaron los ataques del suizo y, cuando ya se veían ganadores en las pantallas gigantes del Ullevi, sprintando con los ojos cerrados, Fitschen, que venía en contragolpe sostenido, les pasó como una exhalación llegada desde ninguna parte: a 90 metros de la meta.

Noticias relacionadas

Alucinados.

"Nos ha dejado alucinados, ni supimos de dónde venía", se repetían los españoles. Ya lo saben: desde Wattenscheid. "No hubiésemos creído al que nos hubiera dicho que los españoles iban a perder precisamente ante Fitschen", juraban reflexivamente los sesudos especialistas alemanes. Todo esto viene a cuento porque el paseíllo de Paquillo se comenta por sí solo: llegó, vio y venció como si fuera el Obispo de Guadix. El obispo de la marcha sí que es, bajo los auspicios y consejos del Papa polaco de este asunto, esa eminencia llamada Robert Korzeniowski. Aquí Korzeniowski, aquí Odriozola. Y aquí está el oro de Paquillo, su quinta medalla consecutiva en grandes campeonatos, mientras los jueces descalificaban a Molina cuando asaltaba el segundo puesto, a menos de tres kilómetros del final. A esas alturas, por una centésima y con la rodilla bajo anestesia, Mayte Martínez se colaba en la final de 800. "Sé que este esfuerzo me pasará factura, pero es lo que había que hacer", dijo. Y cuando el gran estadio Ullevi se iba empapando de la lluvia que traían las lágrimas de Caro Klüft y las primeras medallas españolas, Ruth Beitia se metía en la final de altura. Ese es el reino de Kajsa Bergqvist, esbelta reina de hielo a la que le molan los directores de cine separados. "Blonde on Blonde", rubio sobre rubio, diría Bob Dylan.

Te recomendamos en Polideportivo