España quiere superar el récord de medallas
La Selección consiguió 15 medallas en el Olympiastadion de Múnich en los Campeonatos Europeos de hace cuatro años, un récord que pretende superar a partir de hoy en el Ullevi Stadion de Gotemburgo (Suecia). Los 'Africanos de Europa' se disponen a triunfar de nuevo.


Gotemburgo, (diga "Yoteborg" en sueco), XIX Campeonato de Europa de Atletismo. Entre taxistas cristianos iraquíes y borrachines nórdicos de madrugada, las diosas rubias Carolina Klüft y Kajsa Bergqvist, dos suecas tan inaccesibles como aquellas que iluminaban los sentidos de Alfredo Landa, gobiernan cada esquina en carteles aéreos. La convivencia es normal, más fácil que la de los cuatro equipos de fútbol locales que coexisten en la Primera División de Suecia. Pero, entre los taxistas iraquíes, algún exiliado chileno y la inaccesibilidad de las diosas rubias, por cada esquina de Gotemburgo hay como un fragor de pateras morenas: aquí llegan y desembarcan "Los Africanos de Europa". Los atletas españoles, con los fondistas a la cabeza. Y tras atravesar, en efecto, la espina dorsal de una Europa de veraneo donde los aeropuertos viven en colapso, se llamen Charles de Gaulle, El Prat, Barajas o Estocolmo-Arlanda.
"Esto va a ser un festival, y no me bajo de esa palabra, una semana para que disfrutemos del atletismo español", promete el presidente Odriozola, que, como un oráculo, atisba una veintena de medallas españolas en el Europeo, tras aquellas históricas 15 del Olympiastadion de Múnich, en 2002.
Veteranos y noveles.
¿Habla Odriozola tras leer las entrañas de un ganso sueco, de aquellos que transportaban a Nils Hölgersson en su maravilloso viaje a través de Suecia? Odriozola es nuestro Nils Hölgersson. Nuestros invasores de Suecia, esos estupendos corredores o paseantes de larguísimas distancias: Paquillo Fernández, Pentinel El Penti, Marta Domínguez, Chema Martínez, Julio Rey, Juan Carlos Higuero, Juan Carlos de la Ossa... y un alud de unidades más o menos veteranas y de refresco: Arturo Casado, Ruth Beitia, Montaner, la mamá Niurka Montalvo, Gallardo, Alozie o Mayte Martínez. Hay carreras como los obstáculos, el mismo 1.500, el 5.000 o el 10.000, donde lo extraño sería no ver a los tres españoles controlando el puente de mando.
"Es que faltan los que faltan", dirán los escépticos: OK, pero es que esto es el Campeonato de la vieja Europa, no de EE UU, ni del Caribe, ni del Valle africano del Rift. Por eso mismo están aquí también Yelena Isinbayeva y sus rusas de acero... o la pléyade de franceses procedentes de sus viejas colonias de África y Caribe. A Inglaterra no les faltan los velocistas nacidos en colonias caribeñas. Y la inmensidad de Rusia le proporciona el mejor equipo femenino del mundo, con mujeres entre 1.75 y 1.80 para correr, saltar y lanzar.
Reinas suecas.
Y si esto, Gotemburgo, es Europa, no hay motivo para no creer en ese "festival" del que habla Odriozola. Por mucho que el Sol Poniente del Ullevi Stadion dore más y más las efigies de Klüft y Bergqvist. Aquí y en Finlandia están los depósitos de los últimos genes rubios puros en el mundo, cuando la mezcla de razas va calentándose como el Mediterráneo. Suecia y los pobres veraneantes sin pretensiones tienen todos motivos para adorar a Klüft y Bergqvist, diosas del heptatlón y la altura. Pero, cuando descienda la marea de las bellezas rubias, la resaca de agosto dirá que las medallas de Suecia viajaron al Profundo Sur en el zurrón de los veloces "Africanos de Europa", mientras en Suecia se quedan iraquíes y exiliados de toda laya, enfrentándose a su General Invierno. Es una frase muy antigua, pero si es así, si es que España gana todas esas medallas, que Dios salve a Odriozola, como si fuera Escipión El Africano. Y si no, pues habrá que demandárselo. Digo yo.
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