España conquista su cuarta corona seguida
Derrotó a Suiza en una final con escasa emoción


Ganó el Mundial de San José hace un año y ahora pone el broche con el Europeo, el cuarto que logra de forma consecutiva. La Selección española no tiene techo en este deporte y, hoy por hoy, no sólo es el mejor equipo del mundo, sino el que más éxitos le aguardan en el futuro. Carlos Feriche apostó por un grupo joven y le salió bordado. Sin Paéz, Borregán, Egurrola... los de siempre, este equipo también tiene un carácter ganador especial, un talante que le hace ser superior al resto.
La víctima no fue esta vez la de costumbre. Portugal (3ª) e Italia (4º) se quedaron en el camino. El invitado a la fiesta española fue Suiza, que plantó cara sobre todo en el primer tiempo. Quedaban diez segundos para llegar al descanso y España estaba irreconocible. Acelerada en los ataques, imprecisa en los pases y aberrante en los disparos. Suiza dejaba de ser un cordero y comenzaba a preocupar de verdad al seleccionador, Carlos Feriche, que se vio obligado a pedir un tiempo muerto para corregir errores y pedir calma.
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Pero el esbelto juego de este equipo apareció al límite, con la soga ya en el cuello. Teixidó encontró a Bargalló en el margen izquierdo. Éste se revolvió con rapidez e hizo el pase de la muerte a la espalda de Rubi, que sólo pudo ver como Edu Fernández, con la fuerza de una locomotora, reventaba la portería suiza con un remate certero. El reloj se detuvo. Los suizos miraron y se hundieron. Sólo faltaban dos segundos para el descanso y una triangulación de España les había sentenciado.
La segunda parte fue muy atractiva. Suiza se estiró y planteó un encuentro al desnudo, sin armazones tácticos. Valiente apuesta, aunque se le vieron las carencias. La Selección puso de su parte en favor del espectáculo. Es un equipo que no sabe defender, juega a ganar, al ataque. Corre y corre hacia arriba. En cada contraataque, tres jugadores acompañaban la jugada. Hasta que llegó el premio del segundo. Pudieron ser más, pero la Selección sabe ganar con caballerosidad.