Ciclismo | Tour de Francia

Dos héroes y un ganador

Landis ganará el Tour por 59 segundos Magnífica actuación de Pereiro que será segundo en ParísKlöden arrebató el tercer lugar a Carlos Sastre

<b>CUMPLIÓ LOS PRONÓSTICOS. </b>Landis realizó una buena contrareloj y aventajó a Pereiro en 1:29 quitándole el maillot amarillo.
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Oscar Pereiro perdió el Tour por 59 segundos y hoy ocupará el segundo puesto del podio, a la derecha del gran campeón Floyd Landis, que estará flanqueado a su izquierda por Andreas Klöden, tercer clasificado. No habrá ni una sola injusticia en ese cajón ni en su orden. La particularidad es que, mientras los dos primeros se sentirán ganadores y tendrán razones para sonreír y felicitarse, el resto, hasta el séptimo lugar, el que marca el pesadísimo Moreau, se repartirán consolaciones e impotencias, la secreta frustración de haber podido hacer algo más y la sospecha de que no volverán a tener una ocasión igual para ganar la carrera.

Sin duda, quien más ha pagado los errores propios es Carlos Sastre, que en Morzine dejó escapar el Tour y ayer perdió el podio. Pocas veces la mala conciencia se ha manifestado como un lastre tan pesado. Sólo así se explica su derrumbe en una especialidad en la que ha progresado. En una tarde para olvidar, Sastre perdió 3:31 respecto a Landis y 2:02 con Pereiro. Finalizó la crono en 20º lugar y sólo quedan por evaluar las secuelas que deje este Tour en su confianza.

Klöden, quien le arrebató el tercer lugar del podio, obtiene un premio envenenado, pues su gran crono de ayer le debería servir para asumir la cobarde actuación de su equipo en la fatídica etapa de Morzine. Si el T-Mobile no hubiera favorecido la proeza de Landis, Klöden habría luchado por el triunfo. Para la justicia cósmica es un consuelo que ayer no ganara la etapa. Lo hizo su compañero Gonchar.

Por lo que respecta a Pereiro, el sueño duró hasta la primera referencia, en el kilómetro 16. Allí sólo perdía diez segundos con Landis, que había marcado el mejor tiempo, registro estratosférico que superaba en un segundo el de Gonchar. Muy poco después, empezamos a conocer las diferencias que indicaba el GPS y odiamos profundamente la tecnología, como si esa vigilancia permanente, violara la intimidad de nuestro sufrimiento. Cuando las noticias son espaciadas, la esperanza dura más. Cuando son instantáneas, no hay esperanza, hay boletín informativo. Naturalmente, no nos castigaba el satélite, sino la cruda realidad. Mucho antes de lo deseado, Landis ya corría como líder virtual. Tan sólo cabía esperar un desfallecimiento o un accidente, opción que nos hacía sentirnos canallas, pero a la que también nos agarramos.

Estrategias.

En la siguiente referencia, en el kilómetro 34, Landis fue 26 segundos peor que Gonchar y al instante conocimos la estrategia del americano: se empleó a tope en el primer tramo para intimidarnos y ahora bajaba el ritmo. Cuando pasó por allí Pereiro se nos reveló otro descubrimiento, este más terrible: también él se había dejado todo en los primeros kilómetros. Por eso cedía 57 segundos con el americano. Desde entonces, los segundos cayeron con lenta cadencia mientras Landis permanecía acoplado a su bicicleta, como si fuera una pieza más de la maquinaria, y Pereiro, en cambio, se retorcía nervioso, pedaleando de pie, saliéndose del cuadro, incumpliendo las reglas del especialista, perdiendo el Tour.

Ya no hubo más emoción y estoy por decir que apenas nos afectó saber que Klöden se aproximaba al segundo puesto. Esa noticia nos pilló asimilando la derrota y recomponiendo la figura para felicitar al campeón sin derrumbarnos en su pecho, buscando razones para querer al verdugo. No es difícil. La figura de Landis estará siempre marcada por su heroica victoria en Morzine y el tiempo borrará la ineptitud de sus adversarios, de los que ni recordaremos los nombres. La historia no dedica tiempo a los que escupen contra el viento.

Entreguerras.

Landis es un dignísimo ganador del Tour, de uno de los más bellos que se recuerdan, un campeón efímero y entreguerras que será difícil que repita porque, como nos recordó, pasará por el quirófano para que le implanten una prótesis en el fémur derecho. Sólo es de esperar que done ese hueso misterioso para que lo investigue la ciencia. Su triunfo, por cierto, es el octavo consecutivo de un estadounidense en el Tour.

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De Pereiro, qué decir. Que se necesitan ciclistas como él, que nos ha dado la vida, que ha resucitado el ciclismo, que ha sido un ejemplo en la carrera y fuera de ella, que echábamos en falta alguien así. Su abrazo a Landis, la fidelidad de su amistad, incluso cuando había tanto en juego, ha sido conmovedora. Su caballerosidad tiene más valor si recordamos que, en gran medida, fue otro quien le hizo perder el Tour cuando lo tenía en las manos. Se dirá que otros se lo dieron y otros se lo quitaron, pero Pereiro ha forjado su suerte, resistiendo, atacando y finalizando la crono en cuarto lugar, tras Landis, a 1:29 del americano. Un minuto le separó del milagro.

Estoy convencido de que la experiencia le transformará en un ciclista muchísimo mejor, candidato desde este momento para luchar por cualquier carrera. Estoy seguro de que a su estela regresarán muchos aficionados que abandonaron el ciclismo dolidos y desengañados. El efecto Pereiro no se mide sólo por un segundo puesto en el Tour. Es mucho más. Nos permite volver a creer en los héroes.

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