Ciclismo | Tour de Francia

Tenemos que seguir soñando

Pereiro y Sastre se juegan el Tour contra Landis. Salir tras él, una ventajaTener confianza, un requisito Ayer ganó el italiano Massimo Tossato

<b>AMIGOS Y RIVALES. </b>Floyd Landis y Óscar Pereiro no esconden su buena relación, pero hoy aparcarán esa amistad.
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Percibo un pesimismo exagerado, como si ya estuviese todo perdido, como si la exhibición de Landis hubiera acabado con nuestras opciones de victoria. Detecto un abatimiento general entre aficionados y especialistas, como si nos hubiera caído un rayo, como si fuéramos víctimas de un error fatal y definitivo, un fallo que nos induce a no mirar siquiera la carrera, para no recordarlo, y, sobre todo, a no soñar, para no volver a estrellarnos. Es una curiosa mezcla de decepción, vergüenza ajena y ganas de encontrarse a solas con Riis.

Yo no comparto el desaliento. Y eso no significa que sea un ingenuo soñador. Al contrario, yo, en lugar de imaginar ponys con alas o caballos del Apocalipsis (como la mayoría), me limito a leer la clasificación general. Y descubro entonces que cuando faltan 57 kilómetros para proclamar al campeón del Tour, los dos primeros son españoles. ¿Es eso terrible? No. Es un panorama que hubiera resultado idílico al principio de cualquier Tour, una situación insólita que dobla nuestra esperanza, algo que debería preocupar, antes que a nadie, a quien está obligado a recortarnos tiempo. Somos dos, somos españoles y, en consecuencia, somos doblemente imprevisibles.

¿Qué pretendíamos? ¿Qué el día de hoy hubiera sido un mano a mano entre paisanos? Creo que eso sí hubiera resultado propio de soñadores. Además, un Tour tan hermoso no podía permitirse esa concesión. Esta carrera que llamamos loca no se ha regido por el azar, como algunos creen. Cada vuelco no era un golpe del destino, sino un factor de corrección que compensaba pecados y virtudes, la estupidez, la distracción o el valor. El resumen de todo eso es que tres ciclistas en un intervalo de 30 segundos se jugarán hoy la victoria final. Sin que importe el pasado, el más cercano o el más lejano, hablo de esos antecedentes que tanto nos intimidan.

Landis, lo dije y lo repito, no es Indurain, ni Armstrong, ni Ullrich. Es un gran corredor, pero no es un tipo famoso en el mundo entero por sus fantásticas cronos. En esa especialidad ha rendido mejor que los nuestros, sí, pero no valen los resultados anteriores porque nada se puede comparar al estímulo de ganar un Tour. Landis, al que ahora vemos como un depredador, jamás terminó entre los ocho primeros en carreras de tres semanas. No pretendo desmerecerle, sí situarle.

Con referencias.

Esa falta de experiencia ganadora, extensible a los nuestros, siembra de incógnitas una crono expuesta a mil imprevistos. El fatalismo patrio nos lleva a temer una muerte lenta, unas referencias negativas desde los primeros kilómetros, nunca me sentí a gusto, me atenazaron los nervios... Sin embargo, hay otros escenarios. Conocer las referencias de Landis, en el caso de Pereiro con seis minutos de margen, permite ajustar los esfuerzos hasta el punto de recrear su rebufo, su estela, su ritmo.

Imaginamos la cara de Landis si nos devora desde el primer momento, pero es imposible saber su reacción si en los primeros 20 kilómetros, por ejemplo, no recorta apenas tiempo. Y pudiera ocurrir. Tanto Pereiro como Sastre son mejores contrarrelojistas que aquel Perico que perdió el Tour contra Roche en la última crono (donde partía con 38 segundos de ventaja), y aquel Roche en ese terreno era mejor que Landis. Entonces, la diferencia final fue de sólo 40 segundos a favor del irlandés.

Pero dejemos las matemáticas y vayamos a la filosofía, porque, tanto como las piernas, hoy influirá el ánimo, la psique. Landis está indisimuladamente eufórico, como aquellos que intuyen el éxito total, en forma de ruleta o de rubia de la tele. Si lo consigo, me retiro, ha dicho, mientras nos recordaba que tiene champiñones en un hueso.

Los nuestros, en cambio, están enfadados, eso espero. Sastre todavía rumia la desastrosa etapa de su equipo y ayer, en un ejercicio de sinceridad o torería, no está claro, aseguró que fue él quien retuvo a sus compañeros para que no persiguieran Landis, en contra, incluso, de las indicaciones de Riis. Sea como fuere, Pereiro no perdona la denegación de ayuda y ayer no fue receptivo a las explicaciones de Sastre durante la etapa. En ambos casos, de la capacidad de transformar la frustración en rabia dependerán sus opciones de victoria.

Locomotoras.

Por cierto, hubo etapa, aunque no lo parezca. Como se formó pronto una escapada nos quedamos con las ganas de saber si los favoritos habrían peleado por las bonificaciones intermedias. Los españoles en la fuga fueron Isasi y Egoi Martínez, dos ciclistas que han destacado en la carrera por su generosa pelea contra el mundo; el primero, luchando contra los sprinters, y el segundo, apuntándose a todas las misiones posibles. Sin embargo, la concentración de italianos y europeos del norte, algunos con genes de locomotora, nos dejaron sin opciones. Nuestras esperanzas venían haciendo la goma desde que una inoportuna fiebre dejó KO a nuestro Van der Freire.

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El vencedor de la etapa fue el veterano Matteo Tossato, que se impuso a Moreni y Scholz, los otros escapados de la escapada. El pelotón llegó comandado por los velocistas que sobreviven. En los primeros puestos se podía ver el maillot amarillo de Pereiro, seguido de su amigo Landis. Cuando el líder subió al podio no se le vio la sonrisa de otras veces ni se le arquearon las cejas como palmeras. Tenía la cara de quien está dolido, de quien desea responder al desprecio de otros, y el de la prensa francesa es monumental.

Según tecleo me pasan una nota como a quien se entrega un informe secreto capaz de cambiar el mundo, usted verá lo que hace con él. Lo leo: "En la crono de la Vuelta a Suiza de 2003 Ullrich hizo una maravillosa exhibición y Pereiro fue tercero. ¿Su diferencia? Exactamente, diez segundos". Vamos a ganar el Tour, repitan conmigo.

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