Amarillo reventón
Pereiro lució liderato y Fedrigo ganó una etapa accidentada

Para conocer el verdadero potencial de un ciclista deberíamos vestirlo de amarillo por lo menos una vez en su vida. Estoy seguro de que descubriríamos talentos ocultos, genios tímidos, corredores a los que sólo les faltó el vestuario para meterse en el papel. Vestirse de campeón (o de director general) es una forma de empezar a serlo y el ejemplo de Walkowiak no es el único que nos asiste, pues todos recordamos, entre unos cuantos, los casos de Giovanetti o Caritoux, ciclistas a los que agigantó el liderato.
Es pronto para decir cuánto mejora Pereiro de amarillo, mañana mismo saldremos de dudas. Pero, de momento, podemos afirmar que le favorece. Y eso es mucho, porque hay algunos ciclistas que, con ese color, y tal vez por el susto, parecen enfermos hepáticos, igual que otros arrastran el maillot de la montaña como quien pasea el sarampión.
Si después de la Pereirada, el líder luce sonrisa y bronceado, la transformación de sus compañeros tampoco ha sido pequeña, pues han pasado de sufridores a legionarios. Y no es raro, porque en el alma de ese equipo reside todavía el espíritu del Reynolds y del Banesto, los ejércitos de Perico e Indurain. No se puede descartar que Pereiro se quede sin fuerzas, pero no le faltará ayuda. La historia también protege del viento.
Ayer pudimos comprobarlo. En la etapa que precedía al día de descanso y a los brutales Alpes, el equipo de Unzué se manejó con soltura y controló los mil motines que se desataron desde la salida. "Nos atacaron hasta las motos", resumió en meta Pereiro, y no exageraba mucho, porque demarraron Sastre, Leipheimer, Moreau, Hincapié, Boogerd... No llegó el descanso hasta que en el kilómetro 60 se formó la escapada definitiva: Cañada, Verbrugghe, Aerts, Kessler, Commesso y Fedrigo.
La ventaja de los fugados no superó los 5:40, porque no todos los días es fiesta. Sin embargo, parecía suficiente para que entre ellos se jugaran la victoria. Fue entonces cuando sucedió lo inesperado. En una curva a la derecha, la gravilla provocó una terrible caída. Cañada se fracturó una clavícula, Verbrugghe una pierna y Kessler se magulló hasta el honor. El Tour no es un juego.
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Recuperados del susto, Fedrigo y Commesso se deshicieron de Aerts en el puerto de 2ª que conducía a la meta y se lanzaron a por la victoria. Por detrás, Boogerd imponía un ritmo salvaje en el pelotón hasta reducirlo a 40 unidades, todos los favoritos incluidos. El impulso acercó al grupo, pero el triunfo era cosa de dos. Aunque por origen (napolitano), perilla y mangas remangadas apostamos por Commesso, venció Fedrigo, de 27 años, campeón de su país en 2005 y quinto en el Tour de Porvenir de 2003 (lo ganó Egoi Martínez).
Pereiro salvó la jornada y hoy tendrá tiempo de mirarse al espejo vestido de amarillo. Así descubrirá si el jersey es disfraz o segunda piel. Espero que entonces le inspiren los clásicos, el rumor de los ejércitos de Perico e Indurain.