José Rujano, un peso pluma, como aliado de los españoles
El venezolano, de 48 kilos, será uno de los alicientes en la montaña

A José Rujano (Venezuela, 1982) le podríamos nominar como uno de los nuestros. No tanto porque sea venezolano ni porque viva en las cercanía de Milán, pero sí por su capacidad para escalar, su tez morena, sus 48 (¡!) kilos de peso, y las ganas que tiene de robarle el protagonismo del Tour a los Landis, Menchov, Kloden "No les conozco. Apenas llevo unos meses en la alta competición", reconoce el corredor del Quick Step, que cambió el Selle Italia por el equipo belga sólo para probar suerte en el Tour.
Rujano perdió 4:56 con Gonchar en la crono sufriendo "demasiado" por una infección en un dedo del pie derecho. "He estado dos noches a 40 de fiebre y he perdido dos kilos". Así, liviano, José puede convertirse en el gran aliado de los españoles en su asalto a los Pirineos: "Soy el hombre fuerte del Quick Step en la clasificación, y sé que en la montaña voy a dar que hablar". Que se peguen a él los Pereiro, Sastre y compañía.
Este venezolano ha entrado con buen pie en el equipo del sprinter Tom Boonen. Ha tenido como maestro de ceremonias a Juanma Gárate, el campeón de España de 2005 que todavía no tiene sucesor. "Me he quitado el maillot de campeón porque no era justo que lo llevara. Ojalá pronto se pueda olvidar lo que pasó en Madrid y que en 2007 pueda volver a correrse el campeonato", dice Gárate y luego advierte: " Ojo al pequeño, no le pierdan".
No parece que Gárate pueda estar cerca de José en los Pirineos. Al vasco se le ha visto más en la televisión que a nadie: "Me ha tocado tirar cada día para coger las escapadas. No me importa hacerlo para Boonen, y salir más que la moto 1 de la tele, pero me he quedado justito de fuerzas".
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De la plantación a la bicicleta
Rujano nació en Santa Cruz de Mora, allí donde su padre pudo ganarse la vida como albañil y su madre cuidó de los cuatro hijos. Con 14 años, José tuvo que trabajar en una plantación de café para poder pagarse su primera bicicleta. Desde muy joven ya se entrenaba a más de 3.000 metros de altitud, así que no tenía más solución que hacerse escalador.