Tenis | Wimbledon

Sólo Nadal puede dejar a Federer sin chaqueta

Cae Hewitt y la lluvia obliga a Rafa a jugar hoy contra Nieminen

<b>NUBARRONES. </b>La lluvia obligó a parar los partidos varias veces y provocó que el de Nadal tuviera que suspenderse ante la larga duración del Bjorkman-Stepanek.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Roger Federer sale a las pistas más regias de Wimbledon con una chaqueta color hueso única en el mundo. Parecería de Christian Dior, pero es diseño exclusivo de Nike. Provisto de esa chaqueta y de su mano de violinista, lo que Federer suele ofrecer sobre la hierba pelona del All England son conciertos, arias o, desde otro punto de vista, como lances mágicos de un matador delicado, suave e inspirado. En el concierto de ayer, en la Central, el maestro de la chaqueta beige/hueso sedució, fascinó y toreó a Mario Ancic, el gigante croata de 1.96 que hasta ahora había servido mejor y más rápido que nadie.

Ancic se marchó de Wimbledon con ojos asombrados y aplaudiendo los golpes imposibles de Federer, en su victoria consecutiva número 46 sobre hierba. Desde 2002, cuando cayera precisamente ante Ancic, el All England sólo ha visto ceder a Federer... cuatro sets. Real. Tras el show del maestro suizo, los golpes del diablejo Hewitt parecían helados de vainilla. Helados que devoró amablemente Marcos Baghdatis, Thank you Mr. Lleyton Hewitt. Todo, en la marisma en que se va convirtiendo la Centre Court, la Pista Central. Los fondos de Wimbledon recuerdan las bandas del viejo Wembley cuando las recorría el siniestro Bakhramov, el linier ruso bigotudo que en 1966 regaló a Inglaterra el gol de Hurst y la Copa Jules Rimet.

En la Central.

El concierto de Federer y las calamidades de Hewitt, ocurrían en la Central, interludios ente chaparrones. En la Pista 1, Stepanek y Bjorkman libraban una batalla sórdida y repleta de interrupciones. Ni la más gentil sonrisa de "su" Martina Hingis, a la que le clarea el pelo, consoló a Stepanek, estrellado contra sus limitaciones mentales. El checo es unidimensional.

"Víctima del paisaje industrial en el que nació", observan algunos. "Hingis ha salido ya con unos cuantos chicos del circuito, pero este no es como los demás", comentó aviesamente en la NBC la famosa Mary Carillo, ex compañera de McEnroe en dobles mixtos.

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Alucine.

Cuando Federer, Baghdatis y Bjorkman llegaban a semifinales, un muchacho moreno, hiperactivo, alborotaba el vestuario. "Nadal no para de sprintar en el vestuario y has de tener cuidado con las puertas: las abre de golpe en tus narices", relata Bob Bryan. "Tras los cinco sets ante Kendrick, cargado con las raquetas, subió al sprint una cuesta arriba en busca del coche. No es real", relatan estadounidenses alucinados. La lluvia, los parones y las torpezas de Stepanek impidieron que Nadal se viera ayer con Nieminen. Hoy va de nuevo a la 1. Si el domingo, en la final, el chico sprinta sobre la marisma de la Central de Wimbledon, veremos si la chaqueta del maestro suizo no sale con una etiqueta nueva: "Propiedad de Rafael Nadal".

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