Huérfanos de líder
Valverde abandonó al fracturarse una clavícula en una caída

Me da una pena terrible, porque Valverde podía ganar el Tour. Lo siento también porque esa bala perdida que es la mala suerte se ha cargado esta vez a un general, al nuestro. La primera bala perdida de esta guerra. Fue una maldita casualidad, una bola negra entre 175. Los oficiales de más alta graduación suelen librarse de este tipo de infortunios. Armstrong, por ejemplo, los esquivó durante siete años consecutivos; Indurain, durante un lustro. Hay campeones que se llevan bien con Dios.
Sucedió en plena recta, a 20 km, fue una montonera, ni siquiera demasiado tumultuosa, sin más herido que Valverde, que ni siquiera se quedó tendido en el asfalto. Cuando lo pudimos observar con claridad estaba de pie, más confuso que dolorido. Debió hacernos sospechar que no se subiera a toda prisa en la bicicleta, porque los ciclistas, y más los favoritos, hacen recuento de los golpes sobre la montura. En esos segundos que fueron nuestra esperanza él mismo se hizo el diagnóstico: clavícula rota, retirada definitiva, otro año más de espera y un año menos de tiempo. Entonces se sentó en la cuneta y se puso a llorar.
El ciclista español más prometedor de los últimos tiempos volvía a estrellarse contra el Tour. Hace un año se vio obligado a abandonar por una extraña dolencia en la rodilla (que no le impidió subir el Galibier silbando, por cierto) y ayer se marchó sin más tiempo que para regalarnos un magnífico prólogo. Su historia con el Tour recuerda a la de Perico, que tuvo que precipitarse por un barranco y sufrir otras mil penalidades antes de ganar por fin la carrera. Es muy español eso del fatalismo periquista, te hunde en la miseria, pero anticipa victorias maravillosas y tardes sin siesta.
El lado positivo.
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Pero les diré algo: mejor así. Para ganar el Tour, Valverde no necesita que falten Ullrich o Basso. Sin ellos, su triunfo hubiera tenido una consideración menor y, sin ellos, siempre habría cabido la sospecha de que el mejor ciclista español se vio favorecido por la exclusión de otros favoritos. Si este Tour lo tenía que ganar una medianía no lo tenía que ganar Valverde.
Pero que nadie piense que ya se nos ha acabado la carrera. Nos queda el ciclismo más democrático que podamos recordar, sin candidatos. Nos quedan los nuestros. Arrieta lo intentó ayer. Sin Mancebo está tan huérfano de líder como todos nosotros, pero no se rinde. La etapa la ganó Kessler, atrapado el día anterior a 100 metros de meta. Tampoco se rindió. Boonen es el nuevo maillot amarillo. Viva el Tour.