Tenis | Un partido con historia

La madrugada ya dura 40 años

De alguna manera, el título de Manuel Santana en Wimbledon 1966 puso el epílogo a la era del tenis romántico. En 1968 regresaron los profesionales de Jack Kramer, con Laver, Rosewall y Gimeno, y comenzó la Era Open.

Santana
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Una hazaña intocable durante 40 años no es una hazaña: es una leyenda, un sueño. Cuando Manuel Santana ganó Wimbledon en 1966, la guerra de Vietnam estaba en sus primeros compases, ardía el furor de los Beatles y aún vivía el Senador Robert Kennedy, que en 1965 había entregado a SuperManuel la Copa de campeón en Forest Hills, lo que hoy es el US Open, preguntándole cuándo iba a llegar la democracia a España.

Robert Kennedy, asesinado en 1968, no vería la democracia española, pero cuando el as Santana besó la mano de la Duquesa de Kent sólo faltaba un año para que el diario AS estuviera en los quioscos. 40 años no son nada. O son mucho, según...

Magia.

Para el deporte español, el triunfo de Santana en el All England ante el californiano Dennis Ralston (6-4, 11-9, 6-4), supuso algo así como el prólogo de la llegada del hombre a la Luna: en 1969. El embrujo de Santana ya había tenido sin domir a los españoles en las madrugadas de la Challenge Round de 1965 ante la Australia de Roy Emerson. En el All England, la muñeca de Santana convirtió el embrujo en magia.

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Era la mejor muñeca de Europa guiando una raqueta de madera con un polo blanco Slazenger del Real Madrid. Era la finura sin músculos, el control y la gracia que humillaban al hijo del sol californiano para conquistar el Santo Grial en el santuario de la hierba. Era el niño recogepelotas de Madrid que había nacido en plena Guerra Civil, un milagro dentro del milagro, lo que se llamó un talento por generación espontánea. En 1965 ya le habían dado la Gran Cruz de Isabel La Católica...

Santana ganó Roland Garros (1961 y 64), Forest Hills (65) y Wimbledon (66). Puso a España dos veces en la final de la Copa Davis en la Australia de Emerson y Newcombe. Esas finales habrían sido otra cosa con Andrés Gimeno, que estaba con los profesionales de Jack Kramer: Laver, Rosewall, los dos Panchos, González y Segura, Hoad... todos ellos volvieron al Grand Slam en 1968: empezaba la Era Open. Pero del sueño de SuperManuel, aún no hemos despertado: 40 años después.

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