Tenis | Finales Roland Garros

El Grand Slam de Federer es vencer a Rafael Nadal

Los números uno y dos del mundo, Roger Federer y Rafa Nadal, librarán hoy la batalla final sobre la tierra de la Philippe Chatrier (15:00, TVE1). En juego, el título de Roland Garros. Además, el español dejaría su racha de victorias sobre tierra en un número redondo con 60.

<b>EL FUTURO DEL TENIS. </b>Nadal posó ayer delante de unos graffitis. El futuro pasa por él.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Ego. Al final, todo lo que se mueve sobre este gran evento y no sólo sobre Roger Federer y Rafael Nadal es el ego. El ego de los jugadores, del árbitro, de los líneas, incluso de los periodistas, que, como todos, toman, tomamos partido. El ego (una punta del instinto de conservación) es lo que nos mueve a todos: a Federer, en busca del Grand Slam, y a Rafael Nadal, que quiere dejar en la delicada mano del suizo un puñado de arena ocre en lugar de la Copa de los Mosqueteros y el halo de Rod Laver. En la primera final de Roland Garros entre los dos primeros cabezas de serie, desde la que Lendl arrancó a McEnroe en 1984, ganará el que tenga más ego: como hacía Muhammad Ali. Si quieren leer "fortaleza mental", pueden hacerlo.

El Diablo.

La gran amenaza de Federer sale hoy a pasear por cuarta vez desde principios de año. Para la delicadeza de Federer, Nadal es lo que el trueno cromado de las Harley Davidson de Los Ángeles del Infierno en una reluciente autopista de California ante los ciudadanos civilizados. ¿Qué ciudadano civilizado no se apartaría si ve explotar en su retrovisor la vanguardia de los Angeles del Infierno, con la insignia de la calavera cubierta por un casco de motero? Sólo el Diablo, con mayúsculas, puede detener a Los Ángeles del Infierno.

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¿Es Federer el Diablo? ¿O, para ser como Laver, se conforma con ser un pequeño Jesús? Esa es la clave que debe manejar Federer para exorcizar a Nadal, el demonio que le ha salido al suizo en su jardín del tenis mundial. Tan a remolque va Federer, que ayer se entrenó ante un junior rumano... porque era zurdo. Nadal peloteó con cierto japonés llamado Kei Nishikori, y después se comió una fuente de pasta y un entrecot descomunal. Sonreía, sí... como un ángel.

Hay una cuestión: nadie sonríe ante los Ángeles del Infierno, que devuelven golpe por golpe, paliza por paliza, puñalada por puñalada. El "relax" del civilizado Federer sale de sus casillas ante los remolinos de tierra y azufre que despide Nadal: le pasa a Ivan Ljubicic, a los argentinos, hasta a ese diablejo Lleyton Hewitt, hoy buen padre de familia. En el momento en que Federer deja de sonreír y comprende que tiene que ganar tres sets en la maldita tierra de París, golpe por golpe, punto por punto, ante ese ángel cobrizo de Manacor que te quiere devorar en cuerpo y alma, entonces es cuando Federer suele empezar a derrumbarse. Como cualquier ciudadano civilizado con un Omega en la muñeca. A Los Ángeles del Infierno les bastan su Harley, su chica y un banjo. A Nadal le bastan su ego y su raqueta, que es una Harley cruzada con la calavera de Federer.

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